Amaya Pérez Alonso: «Hacemos sardinas a la brasa, me recuerda a mis veranos en Torrevieja»

PEDRO URRESTI
ANE ONTOSO

En mitad de una campa de Azkorri se alza un coqueto chiringuito de madera blanca como la nieve que saluda y despide cada día al sol. Se monta para Semana Santa y se desmantela a finales de octubre para pasar el largo invierno que azotará al acantilado de la playa de Gorrondatxe (más conocida como Azkorri), una joya que conserva el sistema dunar autóctono. La hostelera Amaya Pérez Alonso, natural de Miranda de Ebro aunque asentada en Bilbao desde hace una década, cuida con mimo a los clientes que acuden a la terraza de cien metros cuadrados. ¿Lo mejor? Las fastuosas puestas de sol.

-El Txirin Azkorri nació el verano de 2013.

-Me apetecía que hubiera una cosa bonita porque la gente que viene es muy especial, valoran muchísimo el entorno, las puestas de sol, la decoración. Estoy encantada, tengo un público maravilloso.

-Cultiva el buen trato con el cliente.

-Es que no tengo palabras para hablar de la clientela, porque son... mira, hace no mucho, un domingo, que es el día más fuerte, en esos momentos que hay mogollón de gente, me falló un camarero y estaba sola en la barra, ¡imagínate! Pero nadie se quejó, todo lo contrario me decían: «¡Jolín, qué seria estás hoy con lo sonriente que eres!».

-Tiene una clientela habitual pero, ¿le ha cambiado los ritmos el nuevo chiringuito que han abierto cerca?

-No, para nada, hemos hecho zona. Otro local es hasta mejor. Es la tendencia en todos los gremios, como por ejemplo poner todas las zapaterías juntas, para el público es mejor. De todas formas, la mayoría de nuestra clientela es de cuarenta para arriba y creo que al otro va gente más joven en general. Luego está quien viene a los dos.

Arroz negro y paella a la brasa

-En barra le ayuda María y en cocina se ocupa Fátima. ¿Qué platos prepara?

-Raciones, bocatas, hamburguesas, pero también platos a la brasa.

-El arroz negro y la paella en horno de brasa (hecha al momento o por encargo) triunfan.

-Y el churrasco de ternera, las chuletillas y la morcilla de arroz que traigo de mi pueblo, de Miranda de Ebro, cuando voy a ver a mi ama.

-También tienen sardinas a la brasa.

-Las hacemos mucho. Es un plato especial que en casa no se cocina por el humo que se prepara. Se me ocurrió porque me recuerda los veranos con mi familia en Torrevieja, cuando íbamos a comer sardinas. Y tienen que ser a la brasa, aunque hay que darle el punto. Además los proveedores que tenemos son buenísimos y de confianza.

-Las ensaladas son de producto local.

-El género me lo trae un vecino de Azkorri, tomate, lechuga, pimientos verdes... Tiene aquí al lado la huerta, un terreno enorme. Aparte de proveedor es cliente habitual y está todo buenísimo.

-Acogen eventos privados.

-Sí, el otro día un niño celebró aquí de nuevo el cumpleaños. Decoré esta zona con globos y guirnaldas y quedó genial. Y el año pasado a una mujer que cumplía 60 años, su marido y su hija le prepararon una sorpresa. A ella le encanta el chiringuito, pero el marido le dijo que ya había reservado en un restaurante.

-Nada más lejos de la realidad.

-Te puedes imaginar cuando llegó. Quince personas disfrazadas de hippies, con guitarra... Preparamos paella y sardinas. Fue divertidísimo.

-¿Organizan conciertos?

-Sí, los jueves o viernes, los anunciamos en nuestra página de Facebook.

-¿Algún género en especial?

-Rock duro no, ja, ja. No lo definiría porque traemos de diferentes tipos, de rock, blues... una mezcla.

-A menudo los clientes vienen a relajarse.

-Muchos vienen después del trabajo. Creo que este es un lugar precioso para todo el mundo. Y muy tranquilo. Las puestas de sol son espectaculares.

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