Actuar parece fácil si te llamas Javier Cámara

Su papel en 'Vivir es fácil con los ojos cerrados' podría hacer que el actor cambie por fin el Goya de cartón del anuncio por uno real

ANGÉLICA TANARRO
El actor Javier Cámara. / Archivo/
El actor Javier Cámara. / Archivo

No sabemos si finalmente lo conseguirá. Si será David Trueba el director talismán para que Javier Cámara deje de ser el actor español que, sin tener todavía el preciado 'cabezón', más veces ha estado nominado a los Goya. Otros le superan en candidaturas pero ya lo tienen en su casa. Sea como sea, lo que parece seguro es que si al final se queda en la estacada (la competencia es dura, y entre otros se las ve con Antonio de la Torre, fantástico en 'Caníbal' y reciente premio Feroz) Cámara no se verá muy afectado. Seguirá adelante, como siempre ha hecho.

Hay un momento en la vida de todo actor con suerte que, de pronto, se hace visible para la crítica y el público. Es probable que llevara tiempo pisando escenarios y platós, siendo ese tipo simpático y familiar, indispensable en los repartos, aunque fuera en apariciones no estelares. Hasta que un papel le hace cobrar otra dimensión. Y ese momento suele coincidir con la presencia de un director que descubre algún registro hasta entonces no explotado, que toca la tecla adecuada para que esa simpática eficacia se convierta en algo con más carne y con más alma. Y en el caso de Javier Cámara ese momento fue, a mi juicio, el rodaje de 'Hable con ella' (2002) a las órdenes de Pedro Almodóvar. El director manchego parece haberse especializado precisamente en eso, en sacar lo mejor que los actores tienen, incluso sin saberlo, o poner a sus elegidos en una posición ante las cámaras hasta ese momento no probada. Un Javier Cámara diferente, brilló en esa película y el público pudo apreciar que para él la cosa iba en serio.

No se libró después ni en cine ni en televisión de esos papeles casi siempre cómicos que parecen destinados a los actores que por físico nunca harán de galán en una comedia romántica, pero sabíamos ya que era capaz de mucho más.

Siempre en su sitio, sabiendo que no hay papel secuandario si se hace con respeto, Cámara no ha parado desde entonces. Dejando su sello en roles cortos, como en 'La vida secreta de las palabras', o protagonistas como en 'Ayer no termina nunca', por citar dos de los tres trabajos que ha hecho a las órdenes de otra directora de marcada personalidad, Isabel Coixet. El de 'Ayer no termina nunca' -que supuso el reencuentro con Candela Peña, tras haber compartido con ella la opera prima del ahora aclamado Pablo Berger ('Torremolinos 73')- fue sin duda uno de los más complejos a los que se ha enfrentado y del que salió airoso teniendo en cuenta que aportó la naturalidad, que parece el sello de la casa, a un papel que adolecía por momentos de exceso de afectación. No así el de Antonio San Román, en 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', la película que le lleva de nuevo a la alfombra roja de los Goya y a aguantar con buena cara esos momentos de tensión entre el anuncio de los candidatos y la apertura del sobre y que él sabe afrontar como nadie. El de ese profesor de inglés dispuesto a conocer a John Lennon cueste lo que cueste parece hecho a su medida y Cámara, como actor que es por encima de todo, le ha devuelto a Trueba el favor componiendo un personaje por encima del guión. Y algo más: aquí Cámara ayuda al resto de los personajes, en especial a sus 'compañeros' de viaje, Natalia de Molina y Francesc Colomer, que van creciendo a su lado. Y esto también es propio de buenos actores.

Quizá esta vez pueda cambiar el Goya de cartón del anuncio por uno real.

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