Carne congelada

Escena de 'Caníbal'. / Archivo/
Escena de 'Caníbal'. / Archivo

'Caníbal' narra la espeluznante doble vida de un meticuloso sastre granadino, interpretado por Antonio de La Torre

ANTON MERIKAETXEBARRIA

No era fácil, a priori, hincarle el diente a un filme tan a contracorriente, sombrío y gélido como 'Caníbal': primera película española a concurso, cuya insólita premisa argumental puede resultar de difícil digestión para un público no avisado. Su protagonista es un respetado sastre granadino, que esconde un escalofriante secreto, el de un asesino en serie que, para más inri, se zampa a sus víctimas.

Así pues, el canibalismo en la España actual es el detonante de la sinuosa trama, filmada con una estética distanciada, más fría que un carámbano, sin ningún tipo de florituras visuales y de una desnudez apabullante. A lo rasposo del tema hay que añadir el hieratismo con que se conduce su protagonista, encarnado con tino por un impecable Antonio de la Torre, sin duda asumiendo exigencias del guion y de la dirección, que actúa como si estuviera bajo los efectos de una lobotomía. Porque, de igual modo que si el marino no encuentra viento a favor el velero no navega, a 'Caníbal' le cuesta transmitir emociones, conectar con el espectador, obligado en cierta manera a convertirse en masoquista a la hora de entender el morboso gusto del protagonista por la rabadilla humana.

Y, a pesar de los ímprobos esfuerzos de su máximo responsable por narrar con rigor y tiralíneas un cuento tenebroso con sabor a pesadilla, uno también echa en falta la poesía del mal, la maldad de los demonios que penetran en cada fibra de un ser monstruoso... y al fin enamorado. Aunque tal vez para él el amor no exista y se trate de una simple reacción hormonal. Se trata, en definitiva, de un opaco 'thriller' atmosférico, que nos indica el extraño camino existencial de alguien que experimenta a la vez con la vida y con la muerte.

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