Una visión muy pesimista

Una visión muy pesimista
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Ayer, el ministro De Guindos se congratulaba de la colocación en Bolsa de una parte de Bankia. Lo interpretaba como una muestra de lo bien que habían respondido los mercados a la nueva situación abierta en Cataluña. Exactamente dijo: «Hace 45 días esta operación hubiera sido imposible de realizar». El ministro se ha contagiado del alivio y la esperanza que han cundido entre las huestes de los no independentistas tras la aplicación del artículo 155 y los acontecimientos acaecidos a continuación. Parece como si, de pronto, el problema se hubiese no ya apaciguado, sino directamente solucionado.

Lo siento, pero discrepo de tan optimista interpretación. Claro que las cosas se han calmado algo y que la irresistible tensión que nos acompañó durante los meses de octubre y noviembre ha perdido varios grados de temperatura. Pero yo no me relajaría y haría mal el Gobierno si lo ha hecho.

A la hora de analizar las consecuencias económicas de la deriva catalana hay un matiz al que, creo, no se le proporciona la atención que merece. Las más de 3.000 empresas que se han ido de Cataluña no se fueron por la Declaración Unilateral de Independencia, más o menos, que hizo el Parlament. Lo hicieron por la inseguridad jurídica y la inestabilidad política que provocó tan montaraz decisión. En adelante no habrá una nueva DUI, gracias a la decisión del Gobierno de aplicar el famoso artículo 155 y del apoyo necesario y suficiente concedido por el Partido Socialista y de Ciudadanos. Como dato positivo acepto que los esperados buenos resultados de ambas fuerzas el próximo día 21 les desahoguen y les permitan mantener dicho apoyo, que es y será imprescindible en el futuro y en cualquier circunstancia.

Vale, no habrá DUI, pero todas las encuestas realizadas hasta la fecha, todas ellas, muestran una composición del Parlament que será cualquier cosa menos estable en su composición y segura en sus decisiones. Un Parlament con un empate entre JxCat, ERC y la CUP por un lado y Ciudadanos, PSC y PP por otro deja en manos de los comunes la formación del Govern y esta es una constatación nada confortable.

Desde luego, no creo que los comunes vayan a apoyar en ningún caso a un Govern presidido por Ciudadanos y apoyado por el PSC y el PP. Así que no habrá Govern o, al menos, no habrá un Govern constitucionalista que podría aportar cierta calma y sosiego a este encrespado panorama. Las otras dos alternativas son dispares. Tampoco me parece verosímil un apoyo de los comunes a los independentistas, lo que supondría la muerte segura del proyecto de Pablo Iglesias en el conjunto de España. Lo que nos conduce, casi inexorablemente a la convocatoria de unas nuevas elecciones, cuyo resultado será... ¿el empate infinito, quizás?

En esta campaña me sorprende y desanima el nulo arrepentimiento que hacen los independentistas de sus tesis, incluso tras haber comprobado la fuerza del Estado; la nula comprensión internacional a su proyecto y la contundente respuesta empresarial. Si las urnas mantienen su apoyo popular, ¿qué esperanza de solución nos queda? Los discursos transcurren en paralelo y cada vez más alejados y saben que las líneas paralelas se unen… en el infinito. ¿Podemos esperar hasta entonces?

Y, esto es lo terrible, sin solución política se cronificarán la inestabilidad y la inseguridad y eso reavivará la huida de empresas que tendrán entonces tantas o más razones para imitar a las ya asustadas hasta la fecha. Esta visión es decepcionante, pero quizás sea la correcta. ¿Atisba alguien alguna razón para ser optimistas? Salvo que las encuestas se equivoquen y no observen algún manantial de voto oculto, lo suficientemente aterrado como para cambiar de bando… En nueve días comprobaremos si existe tal cosa.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos