El vértigo invade al independentismo en vísperas de declarar la secesión

Dos manifestaciones coincidieron ayer en las calles de Sant Boi, una para pedir la salida de las fuerzas de seguridad y otra para solidarizarse con los agentes. / EFE

La idea de una declaración que no sea un portazo definitivo gana adeptos en el PDeCAT y en ERC

RAMÓN GORRIARÁN

El independentismo catalán no es un frente monolítico, y a medida que se acerca el momento de la verdad surgen las dudas y las fisuras. El vértigo ha aparecido a cuatro días del pleno del Parlamento que debería consumar la secesión, porque la Cámara se va a reunir a pesar de la prohibición del Constitucional. Un miedo escénico que afecta, sobre todo, al PDeCAT, pero también se ha extendido a Esquerra Republicana. La CUP es inmune a estos temores.

La intención inicial de una declaración de independencia irreversible, despojada de salvaguardas, encuentra cada vez más oposición entre las fuerzas soberanistas. La realidad no aguanta lo que se puso en su día en el papel, en concreto en el artículo 4 de la ley del referéndum, que fija el plazo de 48 horas desde la proclamación de los resultados de la votación para que el Parlamento de Cataluña declare la independencia. El traslado de la sede del Banco Sabadell a Alicante y la decisión que tomará hoy CaixaBank en el mismo sentido fue interpretada por muchos como el preludio de una estampida de otras empresas.

Ello sumado al fracaso de los intentos de lograr una mediación por el rechazo del Gobierno de Rajoy a prestarse a esa operación, negativa a la que se sumó el PSOE, y la fría respuesta de la comunidad internacional, sobre todo de la Unión Europea, han dibujado un negro horizonte que ha generado dudas entre el soberanismo, según reconocen en la alianza Junts pel Sí.

ANC, Omnium y la CUP han pedido una movilización «máxima» el lunes a las puertas del Parlament el Pleno

«Necesitamos más meses de tiempo», dijo ayer la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Una reflexión cada vez más compartida. El exconsejero de Economía Andreu Mas-Colell, exponente del sector más templado del PDeCAT, ha escrito en el diario ‘Ara’ que se impone «uno o dos años de suspensión activa y temporal de la unilateralidad». Un tiempo que podría emplearse en buscar un espacio de entendimiento mínimo con el Gobierno de Mariano Rajoy y en paralelo convocar unas elecciones que no estén marcadas por el fracaso del proceso soberanista. «Peor que hacer una DUI (declaración unilateral de independencia) -apunta Mas-Colell- sería que hiciéramos una DUI a falta de otra cosa».

Los dos periódicos más importantes de Cataluña se sumaron ayer en sus editoriales a esta reclamación de diálogo y tiempo. «La DUI sería un tremendo error», tituló ‘La Vanguardia’. «Por Catalunya, elecciones», encabezó ‘El Periódico’. Hasta un nada sospechoso de tibieza como el representante de la Generalitat ante la Comisión Europea, Amadeo Altafaj, confesó que «una DUI sería difícil de gestionar».

Pero a pesar de estos avisos y titubeos, quienes conocen bien al soberanismo son escépticos ante una marcha atrás. El líder del PSC, Miquel Iceta, comentó a este periódico que cada vez que el independentismo «ha estado al borde del precipicio ha dado un paso al vacío». Unas palabras que se vieron avaladas por las declaraciones en las últimas horas del vicepresidente y el presidente de la Generalitat. Oriol Junqueras recordó que los independentistas «siempre hemos hecho lo que decíamos que queríamos hacer», en referencia a las prohibidas votaciones del 9-N y el 1-O. «Ahora -agregó- debemos ser responsables con el voto de los ciudadanos». Carles Puigdemont recordó en su mensaje del miércoles por la noche que «hoy estamos más cerca que ayer de nuestro deseo histórico», y en una entrevista con el diario alemán ‘Bild’, dijo: «Ya me siento presidente de un país libre».

Sin retorno

No podían decir otra cosa en este momento, disculpó un dirigente del PDeCAT. Una renuncia de la Generalitat al proyecto, como la que exige Rajoy, supondría dejar el independentismo en manos de los sectores más radicales y liquidar la transversalidad del movimiento, sostienen estas fuentes. Por todo ello, la idea de una declaración de independencia que no sea un portazo definitivo gana adeptos en el PDeCAT y Esquerra. «No se puede a ir a un escenario sin retorno», apuntaron en el partido de Puigdemont.

Por paradójico que parezca, la decisión del Constitucional de suspender el pleno del lunes en el Parlamento de Cataluña puede ser una rendija para congelar el proceso sin que nadie se sienta frustrado. «Ganamos tiempo para el diálogo y frenamos un paso irreversible hacia el conflicto», apuntó el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. El pleno, creen los soberanistas, se celebrará de todas maneras. «Vamos a defender la soberanía del Parlamento», advirtió la presidenta de la Cámara, Carme Forcadell. Sin embargo, la orden de la corte de garantías puede convertirse en una razón para cambiar el formato de la sesión parlamentaria y soslayar la consumación de la ruptura.

La suspensión de ese pleno, además, podría generar un serio problema para las fuerzas de seguridad, los Mossos d’Esquadra en este caso, porque las plataformas soberanistas, ANC y Omnium, así como la CUP, han pedido una movilización «máxima» el lunes a las puertas del Parlamento de Cataluña.

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