«Vamos a demostrar que estamos hartos»

Sociedad Civil Catalana, una plataforma heterogénea que ha mantenido el pulso al nacionalismo, busca romper hoy la espiral de silencio

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

El cuartel general de Sociedad Civil Catalana (SCC) era ayer un hervidero de voluntarios que intentan mantener la calma mientras se enfrentan al día más importante de su historia. Nació en 2014 como un núcleo de oposición a las tesis nacionalistas y hoy organiza la manifestación con la que pretenden hacer ver en Barcelona que el apoyo a la secesión no es unánime. Mientras dos jóvenes discuten sobre cómo preparar unas pancartas con la palabra ‘paz’, muchos piensan que es el día en el que van a romper la espiral de silencio.

«A nosotros nos han dicho de todo. Cuando el Parlamento Europeo nos dio el premio Ciudadanos del Año en 2014, los soberanistas llevaron una iniciativa al Parlament para pedir que nos lo quitasen porque éramos ultraderechistas», recuerda Josep Rusiñol, uno de los miembros de la directiva de SCC. «Nos reunimos con todos los partidos para explicarles que éramos una organización transversal, con personalidades de todas las simpatías ideológicas y la respuesta que nos dieron algunas formaciones nacionalistas me encogió el estómago. ‘Esto os pasa por meteros en política’, nos dijeron», añade Rusiñol. En Sociedad Civil Catalana hay gente de todas las sensibilidades. O simplemente hay quienes no están de acuerdo con la política catalana.

Su vicepresidente es Alex Ramos, un médico de la órbita socialista, que todavía se irrita cuando recuerda algunas de las cosas que han dicho sobre ellos. Una de las figuras que encabezará la marcha junto con el premio Nobel Mario Vargas Llosa es Josep Borrel, el exministro del PSOE. «Es que lo que está pasando en Cataluña con el tema de la izquierda y la derecha es increíble», afirma Ramos. «Tenemos una revolución nacionalista encabezada por un partido de derechas y apoyada por una supuesta izquierda... Y por la CUP, que no nos engañemos, son los hijos de los cargos de Convergència. Lo que les suceda a los trabajadores no les importa nada. Pero decir estas cosas en Cataluña te lleva al ostracismo social», agrega el vicepresidente de SCC. El lema de la marcha será ‘Prou. Recuperen el seny. (Basta. Recuperemos el sentido común). Nada de consignas políticas.

«Han puesto a los medios, la educación, la policía, la sanidad... Todo, al servicio de la independencia»

La historia de Societat Civil es la de varias personas que se unen al ver que no hay espacio para otro discurso que no sea el soberanista. «A cualquiera que no repitiese las claves del Govern se le conducía al appartheid. Pero lo peor es lo que han hecho con los niños», afirma la editora Miriam Tey, una de las caras de SCC. «Es muy doloroso cuando escuchas las historias de chavales a los que castigan por hablar castellano o a los que aíslan en el patio porque sus padres se han significado de alguna forma», añade Tey. Rusiñol recuerda, en este sentido, que en las series de televisión catalanas, el castellano «es el idioma de los fascistas, los borrachos y las prostitutas».

Miriam Tey, del mundo de la cultura, espera que la manifestación sirva «para romper con la ficción de la política catalana». «Aquí no hay un pueblo detrás de una estelada, como quiere hacer creer Puigdemont. Nuestra sociedad era plural, diversa y dialogante hasta que Pujol decidió uniformizarnos. Afortunadamente no lo consiguió del todo». Uno de los ejemplos recientes de la agresividad del pensamiento único que citan los miembros de SCC es el del cantautor Joan Manuel Serrat, al que los soberanistas crucificaron en las redes sociales por mostrar su desacuerdo con el referéndum independentista. «Eso nos ha pasado a todos. Solo por ser de Societat Civil ya nos han condenado a la muerte social», explica Rusiñol.

«Recatalanización»

En la mitología de la movilización contra la declaración unilateral de independencia existe un documento que se cita una y otra vez. Se trata del ‘Programa 2000’, impulsado por Jordi Pujol en 1990 y en el que se avanzaban los plazos para la «recatalanización». «Han puesto la educación, los medios de comunicación, la policía, la sanidad... Todo, al servicio del independentismo».

Una de las figuras de esta movilización contra el pensamiento único es Josep Bou, el presidente de Empresaris de Catalunya, una organización surgida en 2015 para hacer ver los costes que ocasionaría la independencia en la economía. En su día denunciaron la marcha de empresas y auguraron un incremento del paro del 30 por ciento. Bou, sin ninguna relación con la SCC, acudirá a la marcha de hoy. «Los independentistas venían con el mensaje de que la independencia traería al paraíso y nosotros decíamos que lo que llegaría sería la ruina, con empresas que se estaban marchando y que prometen un hundimiento sin precedentes».

En la sede de Societat Civil las previsiones les desbordan. Desde Manresa les llegaban ayer solicitudes de información para aparcar coches y grupos de Mataró preguntaban cómo organizarse en la ciudad condal. «Va a ser un éxito», se repetían entre ellos. Pero para Rusiñol, la clave es el mensaje que quede después de la manifestación: «Se ha acabado el tiempo en el que la mejor era opción era callar. Hoy vamos a demostrar que estamos hartos».

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