Urkullu denuncia la «grave politización» de la Justicia

Iñigo Urkullu, durante su entrevista con el ministro de Inmigración, Diversidad e Inclusión del Gobierno de Quebec, David Heurtel. /E. C.
Iñigo Urkullu, durante su entrevista con el ministro de Inmigración, Diversidad e Inclusión del Gobierno de Quebec, David Heurtel. / E. C.

El lehendakari cree desproporcionados los encarcelamientos y critica la «absoluta falta de inteligencia política» de Rajoy

OLATZ BARRIUSOOTTAWA

El auto de prisión incondicional contra el Govern catalán pilló al lehendakari Iñigo Urkullu a contrapié, en mitad de la firma de un memorando de entendimiento con la agencia pública que gestiona el patrimonio cultural y natural canadiense para implicarse a fondo en la promoción de la antigua estación ballenera vasca de Red Bay, en la provincia de Terranova y Labrador. No tenía previsto pronunciarse sobre la frenética actualidad política hasta la rueda de prensa de balance de su viaje institucional de cinco días a Canadá, pero no le quedó más remedio que cambiar de planes. En tono grave, en una sala del hotel que aloja a la delegación vasca en Ottawa, ya en la provincia de Ontario, y con una ikurriña colocada para la ocasión, el lehendakari denunció la «absoluta falta de inteligencia política» del Gobierno español a la hora de gestionar el conflicto catalán que, con el ingreso en prisión del vicepresidente Oriol Junqueras y de todos los consellers que no han huido a Bélgica, se sitúa, a juicio del jefe del Ejecutivo de Vitoria, en el «peor» de los escenarios. «Es la peor de las decisiones que se podían adoptar», insistió, con «la mayor preocupación».

Aunque no atribuyó directamente a Mariano Rajoy la «desproporcionada» decisión de la Fiscalía de solicitar prisión incondicional para los miembros del Govern acusados de sedición, Urkullu sí lo insinuó. Recordó, en ese sentido, que el Ejecutivo central es «responsable» del Ministerio Público y, como tal, podría haber decidido tener en cuenta la «realidad política» catalana y española y «adecuar» a las circunstancias la estricta aplicación del ordenamiento jurídico. El lehendakari insistió en la posibilidad de «ensanchar las leyes» para dar cabida a las aspiraciones soberanistas en el siglo XXI, un concepto que ya manejó tras reunirse con los jefes de los grupos parlamentarios de la Asamblea Nacional de Quebec al inicio de su periplo institucional. Según su análisis, existe una «grave politización de la Justicia», que además es miope y «contraproducente» porque solo agranda el problema y conduce a la quiebra de la «convivencia normalizada». «Parece que están más cómodos instalados en el riesgo de la fractura social, que es lo que los políticos tenemos que evitar», denunció.

Situación de Puigdemont

El lehendakari, que declaró su «respeto» a la separación de poderes y al cumplimiento de las leyes, está convencido, no obstante, de que Rajoy podría haber evitado esta situación extrema si desde el principio hubiera tratado de buscar una salida política a las tensiones independentistas en Cataluña. Según dijo, desde hace más de siete años el Ejecutivo central ha preferido mirar hacia otro lado y desentenderse de los «arraigados sentimientos» soberanistas de una parte importante de los catalanes, en lugar de haber ofrecido, por ejemplo, una propuesta de acuerdo fiscal para intentar aplacar los ánimos cuando aún se estaba a tiempo. Para Urkullu, Rajoy debería haber seguido el ejemplo de un matrimonio en el que una de las partes se quiere divorciar y la otra no: la que desea mantener el vínculo debe poner de su parte para «seducir» a la que quiere marcharse e intentar evitar la ruptura.

Pese a las insistentes preguntas de los periodistas desplazados a Canadá sobre la decisión del expresident Puigdemont, ahora en busca y captura, de desoír la citación judicial de la Audiencia Nacional y permanecer en Bruselas, Urkullu eludió hacer valoraciones sobre su rocambolesca fuga de la Justicia o precisar si le parece «rechazable». Los últimos movimientos del destituido jefe de la Generalitat han provocado sorpresa y estupor en el Gobierno vasco, que prefiere, no obstante, no pronunciarse públicamente sobre el asunto. Creen que si Puigdemont hubiera convocado las elecciones él mismo, como en principio se comprometió con el lehendakari, podría haberse ahorrado también el caos posterior.

Interpelado sobre si sigue considerando al ahora prófugo el «legítimo» presidente catalán, Urkullu hizo un ejercicio de escapismo y se limitó a recordar que él sigue dando el tratamiento de lehendakari o presidente también a los que ya han dejado de serlo.

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