Urkullu: «Los pactos en Euskadi pueden ser una referencia para Cataluña tras el 21-D»

El lehendakari insiste en apelar a Europa pese a su claro alineamiento con la legalidad española y subraya que hay espacio en la UE para «las naciones sin Estado»./Igor Aizpuru
El lehendakari insiste en apelar a Europa pese a su claro alineamiento con la legalidad española y subraya que hay espacio en la UE para «las naciones sin Estado». / Igor Aizpuru

El lehendakari aclara que «nadie» plantea en el País Vasco un referéndum de independencia e insiste en que la consulta solo debe hacerse si antes hay un acuerdo «suficiente» en la ponencia

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Sobre la mesa de Iñigo Urkullu descansa un voluminoso archivador con una pequeña ‘senyera’ en el lomo y una etiqueta que reza ‘Seguimiento situación en Cataluña’. Su contenido dice mucho del carácter metódico del lehendakari, que ha recopilado en casi 400 folios sus gestiones y desvelos desde que Carles Puigdemont pidiera personalmente su mediación en la entonces incipiente crisis catalana. Correos, whatsapps, llamadas... Todo está en una carpeta que daría para un libro pero que nunca verá la luz. «No es por prurito personal. Es bueno que determinadas cuestiones a lo largo de la historia queden lo suficientemente aclaradas», puntualiza.

- ¿Ha extraído lecciones de lo sucedido?

- La ratificación en mis principios y en una manera de entender la política. Nada que no supiera antes.

- ¿Era un fracaso anunciado?

- No me gusta juzgar a nadie. Creo en la vía vasca. Me ratifico en la bilateralidad: por raíz histórica de nuestro autogobierno y por voluntad política de gestionar consensos lo más amplios posibles. Primero internos para luego pactar con el Estado.

- ¿De verdad ve al Estado en condiciones de abrirse a acuerdos de ese estilo después de aplicar el 155?

- Si entendemos el encaje territorial como un matrimonio la parte que no quiere que la otra se separe debería hacer un ejercicio de seducción. Pero para eso las dos partes deberían haber decidido libremente juntarse. Ésa es mi reivindicación permanente: la unión voluntaria y no la unidad impuesta o constitucionalizada que impera desde la Constitución de Cádiz de 1812. Los poderes del Estado deberían atender esto con altura de miras.

- Lo que hemos escuchado es justo lo contrario. Ministros abriendo la puerta a recuperar competencias autonómicas. ¿Hay un riesgo real de regresión?

- Este riesgo no es nuevo, viene denunciándose desde el intento de Loapa. Por eso insisto en la defensa de lo construido hasta ahora. Sí me preocupa que haya una pulsión recentralizadora al amparo del 155. Pero hay tres realidades que no podemos perder de vista: cumplimiento de la Constitución, que ofrece potencialidades a Euskadi para profundizar en el autogobierno sin necesidad de reformarla; aspiraciones legítimas que son mayoritarias y otra que a veces obvian los grandes partidos, que la sociedad española mayoritariamente quiere diálogo y acuerdo.

- Pues son los partidos que más firmes y centralistas se han mostrado, como Ciudadanos, los que salen beneficiados en las encuestas.

- Pero ése es un planteamiento muy a corto plazo. Hay que mirar a largo plazo. El modelo territorial del Estado necesita una revisión. Veamos si podemos promover una salida al laberinto territorial en base a la confederabilidad y la vía bilateral. Todo eso va a estar encima de la mesa.

- ¿Qué cuerpo se le quedó cuando Puigdemont se desdijo en el último minuto de sus compromisos y decidió no convocar elecciones?

- Yo, y otros muchos, éramos conscientes de las dificultades por la absoluta desconfianza entre las partes. No sé si ni siquiera con un acuerdo suscrito ante notario habría sido suficiente para superar esas reticencias. Lo intenté hasta el final.

- ¿Le ha decepcionado el destituido president?

- No voy a poner adjetivos. Era consciente de la realidad que había desde hace muchísimo tiempo. Intervine porque el propio president me lo pidió el 19 de junio. Desde el Gobierno central se hizo llegar un ‘hágase lo que se pueda’. Pero eso no es responsabilidad solo de los mediadores sino también de las partes.

- Si el independentismo vuelve a ganar por mayoría, ¿volveremos a la casilla de salida?

- Veremos el 21 de diciembre.

- ¿Le gustaría un acuerdo transversal en Cataluña?

- Yo... si sirve de algo la vía vasca, puede ser una referencia.

- ¿Un acuerdo entre los independentistas y el PSC, por ejemplo?

- No entro ahí. Habrá que ver qué defiende cada uno, cuáles son los resultados y las voluntades después.

«Las posiciones del PNV son de partido y yo hablo como lehendakari de un gobierno de coalición»

- ¿Por qué seguir apelando a Europa como paraguas de las reivindicaciones soberanistas cuando la UE ha cortado de raíz cualquier tentativa secesionista?

- Por eso me he dirigido personalmente a Juncker. Y apelo a lo que él mismo ha manifestado cuando ha dicho no querer 95 problemas. Yo lo que digo es que esos 95 tienen que ser la solución. La UE debería impulsar una directiva de claridad que sirva de paraguas a los Estados miembros para facultar a las regiones legislativas con capacidad singular a que impulsen consultas de las que se derive un proceso de negociación leal.

- Perdone pero, ¿eso no es voluntarista vista la fulminante reacción de Bruselas?

- No porque aparentemente haya chocado contra una pared voy a renunciar a ello. Cuestiono la interpretación anclada en el pasado del concepto de soberanía, por eso abogo por soberanías compartidas.

- ¿Se ha sentido incómodo con las posiciones defendidas por su partido durante la crisis o cree, como quedó de manifiesto cuando el PNV guipuzcoano lamentó la frialdad con Cataluña en la asamblea nacional, que su partido ha podido sentirse incómodo con las suyas?

- No. El PNV se ha manifestado claramente en favor de un referéndum legal y pactado con garantías como yo he venido reivindicando. A partir de ahí, las posiciones de partido político las entiendo como posiciones de partido. Mis posiciones son como lehendakari, de un gobierno de coalición y de las diversas sensibilidades que conviven en Euskadi. Yo no puedo ni quiero desprenderme de la etiqueta del PNV, porque va innato en mí, pero también soy consciente de mi función institucional como lehendakari.

«Decisiones personales»

- Le disgustaría entonces ver a los tres diputados generales a la cabeza de la manifestación que Gure Esku Dago convocó en defensa del referéndum catalán.

- No entro en esas consideraciones. Entendí, por lo que el propio PNV dijo, que eran decisiones personales atendiendo a la libertad de participación y no entro en más juicios de valor.

- ¿Es imprescindible que la reforma del Estatuto de Gernika recoja el derecho a decidir?

- El derecho a decidir no es un derecho jurídico como tal, sino un planteamiento de naturaleza democrática. No voy a ser yo quien diga qué es imprescindible cuando estoy abogando por el diálogo, la negociación y el acuerdo, eso lo decidirán los partidos. Hay una mayoría importante de la sociedad vasca, que se refleja en las encuestas, que dice estar de acuerdo con el derecho a decidir. Y es necesario clarificar que el derecho a decidir no es necesariamente el ejercicio de la independencia. Hace falta mucha pedagogía. Es favorecer que los ciudadanos puedan ser consultados de manera pactada y con garantías para que se pueda reflejar lo que hayan decidido.

«El derecho a decidir no significa independencia. Hace falta mucha pedagogía»

- ¿Y cuál tiene que ser la pregunta de esa consulta legal y pactada?

- Lo que haya resultado del acuerdo entre los grupos parlamentarios. Yo no planteo una consulta sin que haya un acuerdo suficiente en la sociedad vasca, lo más amplio posible y entre sentimientos de pertenencia diversos y diferentes.

- Pero los referentes que usted cita -Quebec, Escocia- son todos referéndums de secesión. Alguien puede pensar que se va a introducir ese factor de desestabilización en Euskadi.

- Cuando hablo de esos referentes no hablo de la pregunta. Hablo del método y del modelo. Me refiero sobre todo a la voluntad de acuerdo entre dos gobiernos para que se consulte a la ciudadanía, a la facultad de convocar un referéndum pero al mismo tiempo a la necesidad de mayorías claras y negociaciones posteriores. No me centro en la pregunta sino en cómo avanzamos en unas bases y principios para profundizar en el autogobierno. Y nadie está planteando en la ponencia de autogobierno en estos momentos una pregunta en un referéndum sobre independencia sí o no.

- Pero sí se está planteando el derecho a decidir, que claramente divide a los partidos. ¿Hay necesidad de tensionar a la sociedad con un debate que la fractura?

- No veo que se esté tensionando a la sociedad vasca. Previamente se habrá tenido que trabajar en todas las bases y principios de profundización del autogobierno. Estamos en lo de siempre, en Euskadi siempre hacemos lo mismo, nos ponemos en el escenario final antes de haber hecho todo el camino. Y yo voy paso a paso, sin aventurar el escenario final.

- ¿La consulta debería ser la prevista en el propio Estatuto para su reforma o la habilitante que plantea el PNV y que desborda la legalidad vigente?

- Lo que defiendo es que los grupos parlamentarios alcancen un acuerdo y que eso sea ratificado.

«No porque haya chocado contra una pared voy a renunciar. Hay espacio para las singularidades»

- ¿No se moja al dejarlo en manos de los partidos?

- Me he mojado siempre, pero entiendo que lo deseable es que los grupos debatan. He pretendido evitar que haya un ejercicio de escapismo de los grupos refugiándose en que una persona de una determinada sigla presente un plan y ya solo por eso lo denostamos de salida.

- ¿Hay urgencia real de plantear un debate soberanista cuando la sociedad vasca ha alcanzado un sosiego hasta ahora desconocido? El propio Mas decía que la diferencia con Cataluña es que Euskadi es casi independiente en lo financiero.

- Desde 2004 venimos con ese planteamiento porque las circunstancias sociopolíticas son diferentes a las del 79 y porque ha existido una laminación de competencias. La urgencia no es de ahora.

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