Urkullu apuesta por mantener las relaciones con el Gobierno de Rajoy en plena crisis catalana

Iñigo Urkullu responde a los periodistas en la rueda de prensa celebrada este viernes en Ottawa./Irekia
Iñigo Urkullu responde a los periodistas en la rueda de prensa celebrada este viernes en Ottawa. / Irekia

Tras el guiño del Gobierno central al PNV al aprobar la reforma del Cupo, el lehendakari exige las transferencias pendientes y la revisión del modelo de Estado

OLATZ BARRIUSOEnviada especial- Quebec

El lehendakari Iñigo Urkullu ha apostado este viernes por mantener las relaciones con el Gobierno de Mariano Rajoy por una cuestión de «responsabilidad» pese a la gigantesca crisis catalana, que ha acabado con medio Govern encarcelado y el otro medio huido en Bélgica. En su comparencia para hacer balance de su visita institucional de cinco días a Quebec y Ontario, y mientras el Consejo de Ministros aprobaba la nueva Ley Quinquenal del Cupo y la reforma del Concierto, acordadas en mayo pasado a cambio del respaldo del PNV a los Presupuestos Generales del Estado, el jefe del Ejecutivo de Vitoria ha insistido en la necesidad de mantener bien engrasados los canales de comunicación con La Moncloa para que se siga «cumpliendo la legalidad» y puedan desbloquearse también las principales transferencias pendientes, la de Prisiones y la de gestión del régimen económico de la Seguridad Social. Incluso ha dado a entender que personalmente ha estado trabajando esta semana desde Canadá, mientras el drama catalán se iba agudizando, para lograr que el Gobierno central diera luz verde ayer a los compromisos con el PNV y con el Ejecutivo de Vitoria, que ahora deberán validar las Cortes Generales con el necesario respaldo del PSOE.

«Ese es el ejercicio de responsabilidad en el que está el Gobierno vasco. Pese a las circunstancias, tenemos que saber cuáles son los objetivos prioritarios para la ciudadanía vasca», ha subrayado Urkullu, que ha citado expresamente la actualización del Cupo, que pronto será un hecho, y el «obligado cumplimiento» del Estatuto de Gernika, una negociación paralizada y aplazada por la crisis catalana. Su obligación como lehendakari, ha insistido, es defender los intereses y el bienestar de los vascos ante «cualquier» institución. La anunciada reunión entre Josu Erkoreka y Soraya Sáenz de Santamaría para empezar a desbrozar el camino nunca llegó a celebrarse pero el lehendakari confía en que el Gobierno central «cumpla la ley» y abra ese melón más pronto que tarde.

La invitación ha sonado significativa en una semana en la que los guiños de Rajoy al PNV para abordar una nueva negociación presupuestaria pese al evidente deterioro de sus relaciones han sido evidentes y de calado. No obstante, el lehendakari se ha esforzado en deslindar la necesaria relación entre las Administraciones central y vasca de la cuestión del respaldo jeltzale a la legislatura de Rajoy. El entorno de Urkullu ve muy difícil, en realidad, que Sabin Etxea pueda reeditar su apoyo al PP, si quiera después de las elecciones del 21-D, cuando se desactive el artículo 155.

No fueron los únicos ‘deberes’ que el lehendakari ha puesto al presidente del Gobierno, al que ha advertido de que «se equivocará» si sigue eludiendo la reforma a fondo del modelo de Estado, una tarea para la que le recomendó cintura e «inteligencia política». Urkullu ha recordado que ya desde 2008 viene advirtiendo a los jefes del Ejecutivo central -entonces a José Luis Rodríguez Zapatero- de la «quiebra» del modelo territorial y ha enviado un recado a PP y PSOE en puertas de que se abra la anunciada comisión del Congreso para la reforma de la Constitución. «Espero que no cometan el mismo error que en el 78 y excluyan a los partidos nacionalistas. Espero que hayan aprendido la lección», ha avisado, convencido de que cualquier relectura de la Carta Magna debe servir para proporcionar un «encaje satisfactorio» de las nacionalidades históricas en el conjunto del Estado.

El lehendakari repartió culpas además a la hora de analizar el «absolutamente lamentable» desenlace de los acontecimientos en Cataluña, un «despropósito», ha dicho, que podría haberse evitado si Carles Puigdemont hubiera optado, aquel caótico jueves 26 de octubre, por disolver la Cámara catalana y convocar elecciones autonómicas. Urkullu ha considerado «una lástima» que «en el último minuto» el destituido president optase por el salto al vacío que ha acabado por precipitar el desastre. En su opinión, aunque aun así se hubiera aplicado el 155, la situación podría ser hoy diferente. De ahí, que en una velada pero contundente crítica a los líderes del bloque soberanista, Urkullu constatase el «fracaso de la vía unilateral» en Cataluña. Un reproche que ha dirigido también al Gobierno central por haber decidido aplicar una interpretación «coercitiva» de la Constitución en lugar de adecuarlas a la realidad política y social del momento. Ha repetido, de hecho, el lehendakari, una de las enseñanzas que ha extraído de su periplo quebequés, la posibilidad de «ensanchar las leyes» para que sirvan para resolver problemas, lo que no significa, ha matizado, que puedan «encogerse o estirarse como un chicle».

El lehendakari, que ha dejado claro que su acercamiento a la realidad canadiense le ha servido para reafirmarse «en la ‘vía vasca’», también ha dicho haber visto con claridad que, frente a un sistema que obliga a negociar a los representantes políticos si existe un mandato ciudadano claro, «en el conjunto del Estado español nos falta todavía cultura democrática», un déficit que ha achacado a la herencia franquista. «No se trata tanto de llegar a acuerdos para poder votar, sino de votar para poder llegar a acuerdos», ha apostillado.

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