Triunfo ajustado

Inés Arrimadas celebra la victoria de Ciudadanos. /AFP
Inés Arrimadas celebra la victoria de Ciudadanos. / AFP
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

Victoria constitucionalista con mayoría secesionista. Así ha quedado perfilado el nuevo Parlament después de las elecciones del 21-D. Los votantes de Cataluña han dado la mayoría electoral, por primera vez en la historia, a un partido centrista y constitucionalista como Ciudadanos que ha sido el claro ganador en las urnas. En votos y escaños. Un resultado inédito en todos estos años de democracia. Uno de cada cuatro votantes optó por Inés Arrimadas que ha visto consolidar su liderazgo emergente pero que no podrá gobernar porque el bloque constitucionalista no logra reunir en el Parlament los 68 escaños suficientes para dirigir la Generalitat. Ni los socialistas, que han experimentado una mejoría muy discreta, ni los populares, que sufren un batacazo con la fuga de más de la mitad de su representación hacia la formación naranja, llegan a engrosar esa mayoría holgada que, sin embargo, ostentan las tres formaciones secesionistas. La victoria histórica de Ciudadanos y la mayoría del bloque independentista reproducen con precisión la división de la política catalana en dos mitades que si hasta ahora se manifestaban como irreconciliables, a partir de hoy tendrán que ser capaces de recoger las aspiraciones de ese bloque al que representan.

Al gobierno de la última Generalitat no le ha pasado la factura del desgaste. Al contrario. El porcentaje a favor de la independencia supera el 50%. A pesar de ir en dos candidaturas, Junts pel Si y ERC han obtenido 4 escaños más que en las pasadas elecciones aunque al realizar el cómputo junto a la CUP, el resultado final les deja con dos asientos menos porque los anticapitalistas han perdido fuerza en beneficio de los republicanos. Pero en esta campaña tan atípica y sentimental ni el ‘procés’ de las mentiras, ni la evasión de las tres mil empresas que se fueron a causa de la incertidumbre que provocaba la inseguridad jurídica de una posible independencia, ni la confrontación han hecho mella en un electorado que ha preferido aferrarse a la causa de dos líderes cuyo plan de gobierno no es otro que la ruptura con España.

Resultados

En el pulso por la hegemonía del independentismo, el prófugo Puigdemont ha ganado al preso Junqueras. Su apuesta por laminar a su propio partido y crear un movimiento de culto personal le ha funcionado. El victimismo también. Pero tiene cuentas pendientes con la Justicia y sabe que no podrá ejercer como president. No se le presenta un futuro claro y, quién sabe, si finalmente el proceso judicial acabe por interferir en la agenda política y termine siendo president de la Generalitat una persona nombrada a dedo, de forma provisional, como le ocurrió a él cuando tuvo que sustituir a Artur Mas. Los independentistas, en bloque, han ganado la gobernabilidad. Pero que después de todo el ‘procés’ les haya ganado Ciudadanos les tiene que dar que pensar que ya no pueden actuar, como hasta ahora, en nombre de un mandato popular que se diluye con la nueva recomposición parlamentaria. Porque lo que ellos llaman «el pueblo» está dividido.

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