Tonterías, las justas

Tras el 21-D el riesgo de volver a cometer los errores de la pasada legislatura permanece

Tonterías, las justas
TONIA ETXARRI

Una vez reposados los resultados de las elecciones catalanas, comprobada la consolidación de dos bloques que mantienen un pulso tan fuerte que apenas dejan espacio para las llamadas ‘terceras vías’, el riesgo de volver a cometer los errores de la pasada legislatura permanece. La primera reacción de Puigdemont lo confirma. Las elecciones no las ganó él, sino Inés Arrimadas. Pero el hecho de que los separatistas sean quienes pueden formar gobierno le mantiene en la nube belga de la que solo quiere apearse para tomar posesión de su cargo y restituir a todos sus compañeros de aventura. A quienes se saltaron la legalidad para proclamar, ahora sí que lo reconoce, la república independiente de forma unilateral. Puigdemont, que veta a los periodistas españoles en sus comparecencias para imponer que los catalanes vean únicamente TV3, vuelve a hablar en nombre de Cataluña para emplazar al presidente Rajoy. De nuevo esa costumbre de arrogarse una representación que no ostenta.

Pero el primer diálogo que debe fomentar es con la otra mitad de la ciudadanía catalana a la que ha ignorado durante su breve mandato. Después, el máximo representante del nuevo Gobierno catalán (quien le sustituya), si fuera capaz de aprender alguna nota de la partitura de Urkullu, debería retomar la senda de la legalidad para reclamar un trato específico y bilateral. Que es lo que ha conseguido el PNV desde que decidió superar el plan de Ibarretxe. Pero Puigdemont sigue empeñado en anteponer los votos a la Justicia. Impunidad a cambio de su vuelta a España. Presenta un diálogo con el presidente Rajoy -¡vaya paradoja!- «sin condiciones» cuando su primera condición ya está expuesta sobre la mesa de cartas: que sea en Bruselas.

Él no votó el pasado domingo. Porque no quiso enfrentarse a la Justicia que le está esperando para procesarle como a sus compañeros del último Gobierno de la Generalitat. Pero acaban de votar millones de ciudadanos. Junqueras entre otros. Y aun así vuelve a insistir en el referéndum. Habla en nombre de menos de la mitad de los votantes, porque el porcentaje a favor de la independencia supera en escaños el 50% en el Parlamento pero se queda en el 47% de los votos. Esa es la realidad.

Enfrente tiene a Inés Arrimadas, que ha ganado con la Constitución en la mano y su sentimiento catalán y español, sin poder gobernar por la situación de debilidad en que han quedado socialistas y populares. El PP, que ha obtenido el peor resultado de su historia, empieza a cargar de nuevo con el sambenito del inmovilismo. El dardo procede de Pedro Sánchez, que se encuentra tan cómodo culpando a la derecha de todos los desastres mientras muchos socialistas se preguntan si un candidato como Borrell, menos ambiguo y complaciente con los nacionalistas, habría cosechado para el PSC mejores resultados.

El panorama ofrece muchas brumas y un horizonte de incertidumbre si Puigdemont insiste en retomar la vía de la ruptura, careciendo de la mayoría social en votos. La independencia, hoy por hoy, no es posible. Y además fractura a la sociedad.

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