Lo sostenible

Los vascos estamos en esa onda de la gente que quiere serlo todo y no deja nada para los demás

Lo sostenible
IÑAKI EZKERRA

Es uno de los grandes e insondables misterios de nuestra democracia: ¿por qué las pensiones son la única institución cuya dignidad y supervivencia se miden en términos de sostenibilidad? ¿Por qué no se plantea, por ejemplo, la sostenibilidad de la Administración y de un funcionariado que no dejan de crecer cada año a una velocidad galopante; del sistema autonómico, cuya financiación es un pozo sin fondo, o de todo el pesebre de la propia clase política, cuya imagen no atraviesa precisamente unos momentos de gran prestigio y popularidad que justifiquen las subidas de sus sueldos y los privilegios que se ha dado a sí misma con un sobreentendido carácter de irreversibilidad? ¿Por qué esa misma clase política no se pregunta, con la misma machacona insistencia, si son sostenibles las radiotelevisiones autonómicas y municipales o ese extraño fenómeno paranormal por el cual España es el país con más vehículos oficiales del planeta con una cifra más de veinte veces superior a la de Estados Unidos?

La gran paradoja reside en que nuestro sistema de pensiones es la única entidad pública por la cual el ciudadano cotiza directamente para eso, para que se sostenga. Ninguna de las demás instituciones del Estado reciben de nadie una cotización directa. No hay un impuesto específico para sostener el Senado ni el Consejo de Estado ni el Consejo General del Poder Judicial. Pero, sin embargo, no está en discusión su sostenibilidad. La insólita paradoja, sí, es que se habla de las pensiones como si fueran un islote, un gasto extraordinario, un lujo asiático, precisamente porque hasta ahora no han tirado de los Presupuestos Generales del Estado y porque disponen de una específica caja de la Seguridad Social. La paradoja sangrante, en fin, es que, en vez de garantizarlas, ese hecho es el que las pone en peligro.

Con el pacto al que el PNV ha llegado con el Gobierno, las pensiones han vuelto a quedar atadas al IPC hasta el 2019 como si se tratara de una concesión magnánima, razón por la cual están justificadas las movilizaciones de jubilados que se siguen sucediendo tras ese acuerdo y que reclaman el blindaje constitucional de esa prestación. Si en su día el PNV movilizó a su bases para que se blindara el Concierto Económico y se elevara a rango de ley, más sentido tiene que se blinden las pensiones. Lo que tiene menos sentido es que los vascos nos erijamos en abanderados de la España social y que vayamos de los más progres, los más izquierdistas y los más guapos cuando somos receptores netos de las ayudas del Estado y una comunidad privilegiada que antepone presuntos derechos históricos a la solidaridad nacional. Hay gente que quiere serlo todo en la vida, fardar de hidalguía y de padre que murió en la mina por salvar a unos compañeros. Los vascos estamos en esa onda de la gente que quiere serlo todo y no deja nada para los demás.

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