Ruptura tras ruptura

EDITORIAL

La crisis catalana se cobra el pacto del partido de Colau con el PSC en Barcelona, mientras el independentismo se fragmenta

EL CORREO

La convulsión que soporta la vida política, económica y social de Cataluña se ha llevado por delante en las últimas horas el pacto que mantenía Barcelona en Comú, el partido de la alcaldesa Ada Colau, con el PSC en la Ciudad Condal. Se trata de la última muesca de una paulatina destrucción de complicidades que acabó con la histórica entente de Convergència con Unió, que ha provocado la desaparición de siglas arraigadas y la reconversión de otras y que ahora repercute de lleno en el propio independentismo. El desmarque de ERC -con el encarcelado Oriol Junqueras a la cabeza- y de la CUP de la lista unitaria que pretende liderar desde Bruselas el expresident Puigdemont consuma, salvo sorpresa de última hora, la fragmentación con la que los secesionistas concurrirán a las elecciones del 21-D. No deja de resultar paradójico que las bases de Barcelona en Comú hayan optado por romper su acuerdo con los socialistas por avalar la aplicación del artículo 155, cuando los comunes fueron los primeros entre los discrepantes en aceptar la convocatoria electoral forzada por Mariano Rajoy y cuando el conjunto del independentismo participará en la cita con las urnas pese a la excepcionalidad del momento. Junto a ello, la votación por la que los seguidores de Colau han resuelto el divorcio con el PSC es un fiel reflejo de los desequilibrios e incertidumbres a los que puede conducir la apuesta por una política en la que las responsabilidades de la democracia representativa se sustituyen por decisiones plebiscitarias. Los comunes y los socialistas cosecharon casi un cuarto de millón de votos en los comicios municipales de 2015. Ayer, 3.795 participantes en la consulta vinculante de Barcelona en Comú determinaron la quiebra en el equipo de gobierno municipal, que ni siquiera alcanzaba la mayoría absoluta para gobernar con sosiego. La fractura sitúa al límite, en consecuencia, el precario liderazgo de Colau y los suyos, que pretenden cobijarse en la pretenciosidad de la ‘geometría variable’ para llevar las riendas de una capital tan compleja como Barcelona con solo 11 concejales de los 41 que suma la corporación. Con las instituciones del autogobierno catalán intervenidas por el Estado a través del 155, la agudizada inestabilidad en el Ayuntamiento barcelonés solo añade zozobra a un contexto mediatizado por el fallido procés y el cruce de intereses partidarios que se medirán en las urnas dentro de poco más de un mes.

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