La ruina de las pensiones

El PNV aparca ahora la ruptura de la caja única, mientras protesta por el alza del 0,25% que ayudó a aprobar

Pensionistas en la manifestación de Bilbao./REUTERS
Pensionistas en la manifestación de Bilbao. / REUTERS
MANUEL ARROYO

Llama la atención cómo el PNV se ha puesto medio de perfil en la bronca política sobre las pensiones. Por supuesto, está en contra de la rácana subida del 0,25% frente a la que se han rebelado decenas de miles de jubilados en las calles de Euskadi. Por supuesto, defiende que las prestaciones aumenten tanto como la inflación. Por supuesto, altos cargos del partido se han sumado a las acciones de protesta de las últimas semanas. Por supuesto, en Sabin Etxea se han olvidado de que los decisivos votos de sus diputados permitieron a Mariano Rajoy aprobar el pasado año los Presupuestos del Estado en los que ya figuraba ese miserable 0,25% que ahora critica el partido con tanta razón. Y que de su capacidad de presión, entre otros factores, depende que el Gobierno del PP tenga o no Cuentas este ejercicio y que en ellas figure ese incremento... u otro cuyo coste habrá que sacar de algún sitio.

Nada tiene de extraño que el PNV se suba al carro de los pensionistas. Ni que aproveche una causa tan popular para desmarcarse del Ejecutivo central y, de paso, reclamar el traspaso de la gestión económica de la Seguridad Social. Lo curioso no es solo que se manifieste contra una medida que, quiera o no, ha hecho posible en el Congreso; sino que, ahora que la viabilidad del modelo está en el foco del debate político, guarde en algún cajón del olvido su tradicional reivindicación en esta materia. Una demanda sostenida durante décadas: la ruptura de la caja única. La creación de un sistema propio, con un esquema similar al del Concierto Económico, por el que Euskadi ingresaría las cuotas de trabajadores y empresas con las que se financian las pensiones, y con esos recursos pagaría las prestaciones a los residentes en la comunidad. Con el riesgo que ello implicara. El fuero antes que el huevo (o sea, cueste lo que cueste), como gustan proclamar algunos dirigentes jeltzales. Los mismos que solían repetir que, una vez transferida, los problemas que azotan a la Seguridad Social desaparecerían por la probada capacidad de gestión de las instituciones vascas. Es decir, que aquí saldrían las cuentas, no como a esos zotes que mandan en el resto de España.

El PNV ya no plantea para ahora mismo esa reivindicación. Cuando pide la transferencia no piensa tanto en organizar un sistema propio como en que Euskadi asuma (para entendernos) el papel de cajero: recaudar las cotizaciones sociales y abonar las pensiones, sí, pero sin capacidad de decisión sobre unas y otras, y sin asumir el posible ‘agujero’ económico. Es, a grandes rasgos, lo que reza su pacto con el PSE.

No se trata ya de que la ruptura de la caja única sea defendible o no con el Estatuto en la mano. Ni de que, en el más que improbable supuesto de que algún día la aceptara un Gobierno central, el Tribunal Constitucional la diera o no por buena (su jurisprudencia invita a apostar que no). Es que esa opción, que el PNV ha tenido mucho cuidado en orillar en este momento tan crítico, sería una ruina para Euskadi. Sin discusión. Algún nacionalista lo negaba hace años. Ahora no se atrevería.

El sistema de pensiones arroja un déficit superior a los 3.000 millones de euros al año en el País Vasco. Tanto como cuesta la sanidad pública. Más que la educación. Con un Presupuesto de 11.846 millones, ¿de dónde sacaría el Gobierno autónomo dinero para tapar semejante ‘agujero’? Ese desfase, muy por encima del que proporcionalmente le correspondería por peso económico o población -el de toda España es de 18.800 millones-, habría que cubrirlo con un aumento de más del 20% en la recaudación de impuestos. Si se prefiere, con un recorte del gasto; aproximadamente, de la mitad del dinero que maneja el Ejecutivo vasco si no toca Osakidetza ni la enseñanza. O con un brutal ascenso del déficit, que no solo es que tenga unos límites: es que algún día hay que pagarlo. Y aún peor: la suma no hace sino subir y será mucho más alta en unos años.

Euskadi cuenta con las prestaciones más elevadas de España y una de las tasas más bajas de cotizantes por pensionista, con lo que la gravedad del problema nacional se dispara aquí. En definitiva: el PNV hace bien en poner en sordina la ruptura de la caja única. No vaya a ser que, en un momento de debilidad, a Rajoy le flojeen las piernas y acepte. Parece imposible, pero por si acaso...

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