Los relevos de Puigdemont en su Gobierno no cierran la crisis de los independentistas

Foto de familia del nuevo Govern de la Generalitat de Cataluña. /Andreu Dalmau (Efe)
Foto de familia del nuevo Govern de la Generalitat de Cataluña. / Andreu Dalmau (Efe)

Se trata de forzar la máquina con la aprobación de la ley del referéndum

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

La crisis promovida por Carles Puigdemont y Oriol Junqueras blindó al Gobierno catalán para alcanzar el objetivo de celebrar el referéndum del 1 de octubre pero descosió las costuras de la alianza de Junts pel Sí. Las diferencias entre el PDeCAT y Esquerra se han ahondado y los independentistas se enfrentan a la tesitura de llegar a la consulta desfondados y divididos. El partido heredero de Convergència se siente relegado y contempla a un Puigdemont cada día más próximo a Esquerra que a su propio partido.

Más información

Las diferencias vienen de lejos, desde el mismo día que la CUP forzó el descabezamiento de Artur Mas, del que Esquerra fue testigo impasible. Se ahondó con los procesamientos y condenas al expresidente y tres de sus exconsejeros, Francesc Homs, Joana Ortega e Irene Rigau. Se convirtió en una sima con el relevo de cuatro consejeros y el secretario del Ejecutivo, todos del PDeCAT. El destituido Jordi Baiget dio una clave de la crisis al confesar en la entrevista que le costó el puesto que el Gobierno de la Generalitat estaba al margen de las decisiones importantes del proceso.

En las bambalinas del Ejecutivo se mueve una serie de personajes sin responsabilidades políticas que se reúnen con Puigdemont y Junqueras para marcar los ritmos y tomar las decisiones. Entre ellos están David Madí, hombre de la máxima confianza de Mas; Xavier Vendrell, exconsejero de Esquerra; Jordi Sánchez, presidente de la ANC; Jordi Cuixart, presidente de Òmnium, además del propio Artur Mas. En paralelo, funciona otro comité más oficialista, pero también sin consejeros, con el presidente, el vicepresidente y sus secretarios, Víctor Cullell y Josep María Jové. A unos y otros les une un empeño, la celebración de la consulta secesionista, cueste lo que cueste.

La estrategia, según han relevado fuentes independentistas, parece clara a partir de ahora. Se trata de forzar la máquina con la aprobación de la ley del referéndum, acelerar los preparativos –el primero con la compra de las urnas– no acatar las suspensiones que ordene el Constitucional para forzar al Gobierno de Mariano Rajoy a tomar medidas coercitivas que trasladarían el conflicto a las calles. Ese sería el pulso definitivo, apuntan fuentes disconformes del PDeCAT.

Segundos escalones

Esa dinámica estaría acompañada de relevos en los segundos escalones del Gobierno de Puigdemont. El primero puede ser el director de los Mossos d’Esquadra, Albert Batlle, de origen político socialista y comprometido en la defensa de la legalidad. «La Policía debe hacer eso. No puede hacer otra cosa», dijo el pasado 17 de febrero cuando se le preguntó por la actitud de los Mossos si se convoca la consulta. Su superior y principal valedor, el consejero de Interior, Jordi Jané, salió del Gobierno el pasado viernes. El nuevo titular de Presidencia y portavoz, Jordi Turull, tampoco descartó los nuevos relevos. «Hay que ir a por todas», dijo ayer en una entrevista en TV3, en la que también denunció que la estrategia del Gobierno central pasa por fomentar la división del mundo independentista. Pero «pierde el tiempo», aseguró Turull, porque «la gente ya no tiene miedo».

Mientras Esquerra asiste a las turbulencias con unidad monolítica en torno a Junqueras, el PDeCAT es un sinvivir. Fuentes de este partido lamentan que Puigdemont demuestre más sintonía con los republicanos que con su propio partido, en donde también se enteran de los pasos del Gobierno muchas veces por los medios de comunicación porque el presidente de la Generalitat no consulta casi nada con los órganos de dirección. «Va por libre», es la queja más escuchada entre los disconformes de la antigua Convergència, que sostienen que Puigdemont ha quemado, si es que algún día lo hubo, el plan B a la consulta.

La preocupación en el PDeCAT se ve agravada por las malas señales que reciben de las encuestas electorales. Todas sin excepción auguran un retroceso colosal, al extremo de que ponen en peligro la condición de segunda fuerza detrás de Esquerra, a la que, por el contrario, los sondeos auguran una cómoda victoria. Algo que levanta ampollas en el partido porque, dicen, si alguien ha sacrificado piezas en el proceso ha sido el PDeCAT, con cuatro miembros del Gobierno condenados por los tribunales y otros cuatro destituidos por ninguno de Esquerra.

Fotos

Vídeos