Italia celebra como una victoria el desembarco de los inmigrantes en España

El barco 'Aquarius' de la ONG francesa SOS Méditerranée./Christophe Petit Tesson (Efe)
El barco 'Aquarius' de la ONG francesa SOS Méditerranée. / Christophe Petit Tesson (Efe)

Bruselas agradece a España el «ejemplo solidario» y aplaude al Gobierno de Pedro Sánchez tras ofrecer el puerto de Valencia para acoger un barco con inmigrantes al que Italia y Malta vetaron la entrada

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

Le ha salido bien su primera jugada internacional al 'hombre fuerte' del nuevo Gobierno italiano: Matteo Salvini, viceprimer ministro, titular de la cartera de Interior y líder de la Liga, un partido xenófobo que ha hecho de la repulsa a la inmigración irregular su seña de identidad.

Este lunes se consideró victorioso del pulso lanzado el pasado domingo a Europa al negarse a aceptar a los 629 indocumentados que van a bordo del 'Aquaris', una nave fletada por la ONG Sos Mediterranée y con apoyo de Médicos Sin Fronteras para socorrer a los desplazados que cruzan el Canal de Sicilia. El inesperado anuncio del Gobierno de Pedro Sánchez de que España se hacía cargo del 'Aquaris' le permitió a Salvini vender en casa como un éxito su dura postura de cerrar los puertos italianos. «Evidentemente levantar con educación la voz vale la pena, lo que Italia no hacía desde hace tiempo inmemorial», comentó este lunes, sin ocultar su orgullo por abrir «un frente de discusión para una nueva política de la inmigración a nivel continental».

Salvini consideró que el problema en que se encontraba el 'Aquarius' ante la negativa de Malta de aceptar a los indocumentados se había resuelto gracias al «buen corazón» del Gobierno español, pero advirtiendo de que la Unión Europea no puede seguir adelante sólo con «buen corazón». La decisión de Sánchez, que agradeció el primer ministro, Giuseppe Conte, le evitó una crisis política al Gobierno italiano.

Varios alcaldes de ciudades portuarias como Palermo y Nápoles mostraron su disconformidad con la negativa de aceptar a los inmigrantes y dijeron estar dispuestos a abrirles las puertas. Incluso se mostró en la misma línea el regidor de Livorno, Filippo Nogarin, miembro del Movimiento 5 Estrellas (M5E), el partido que junto a la Liga sostiene al Ejecutivo.

Aunque luego Nogarin reculó, su apertura inicial refleja el malestar de una parte del M5E con el cierre de los puertos decretado por Salvini y secundado por el ministro de Infraestructuras y Transportes, Danilo Toninelli, del M5E. Su colega de Interior obvió esas discrepancias al asegurar que el Gobierno había reaccionado de forma «compacta» para levantar la voz «de manera constructiva» frente a Europa. «Hemos marcado un punto», celebró Salvini, que dejó una señal significativa al elegir comparecer en las oficinas centrales de su partido en Milán y no en la sede en Roma del Ministerio del Interior. Demostraba así que continúa de campaña electoral para intentar seguir comiéndole el terreno al M5E, como confirmaron las elecciones municipales celebradas el domingo en 700 ayuntamientos del país. Certificaron el crecimiento de la Liga.

La crisis del 'Aquarius' marca el inicio de una nueva etapa en el salvamento de inmigrantes en el Mediterráneo: Italia ya no está dispuesta a seguir afrontando en solitario este desafío. Malta, con la que Roma ha abierto una crisis diplomática, y España, gracias a la respuesta de Sánchez, muestran que se han dado plenamente cuenta de ello. Habrá que ver cómo responden ahora el resto de países europeos. Paradójicamente las naciones con que Salvini se muestra más en consonancia, como Hungría, son las más reticentes a echar una mano aceptando la redistribución de los inmigrantes planeada por Bruselas.

Antes de que España le sacara a Salvini las castañas del fuego se sucedieron los llamamientos de partidos políticos, ONG e instituciones de diverso pelaje para que acogiera a los extranjeros. Hasta intervino un cardenal vaticano, Gianfranco Ravasi, con un tuit en el que recordaba una cita evangélica: «Era extranjero y no me acogisteis». Se ganó un montón de insultos. Otro purpurado italiano, Francesco Montenegro, arzobispo de Agrigento, una localidad siciliana donde desembarcan algunos de los inmigrantes rescatados en el Mediterráneo Central, consideró que lo sucedido muestra el «fracaso de la política».

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