Rajoy mueve ficha con los pensionistas

Editorial

El clamor social le fuerza a una rectificación parcial ante las movilizaciones del sábado

Los pensionistas se concentran cada lunes en Bilbao./Luis Ángel Gómez
Los pensionistas se concentran cada lunes en Bilbao. / Luis Ángel Gómez
EL CORREO

Si Mariano Rajoy pretendía frenar ayer la rebelión en la calle de los jubilados y viudas, posiblemente pinchó en hueso. Su comparecencia en el pleno del Congreso para debatir sobre las pensiones fue el primer triunfo –simbólico si se quiere– de la oleada de protestas contra la pírrica subida del 0,25% aplicada a esas prestaciones. El mismo clamor social que le ha empujado a rendir cuentas ante el Parlamento es el que le ha forzado a abrir la puerta a una mejora adicional, aunque limitada a las pensiones mínimas y de viudedad y supeditada a la aprobación de los Presupuestos del presente año. Una estratagema que a nada le compromete y muy propia de un político maniobrero y curtido en mil batallas como él, que intenta endosar a los demás su propia responsabilidad. Pero de todo punto insuficiente para acallar la indignación de los millones de personas que se ven condenadas, un año más, a que sus modestos ingresos pierdan poder adquisitivo. El movimiento de Rajoy quizás persiga desinflar la asistencia a las manifestaciones en demanda de unas pensiones «dignas» convocadas para el sábado. No es descartable que el gaseoso anuncio del presidente sea entendido, por contra, como una muestra de debilidad del Gobierno y sirva de acicate para reforzar la presión popular en la creencia de que, si se rompe el techo del 0,25% en algunas prestaciones, es posible que todas, y no solo unas pocas, suban tanto como la inflación. El futuro de las pensiones es un asunto demasiado serio como para trufarlo de partidismo, regates en corto y frases ocurrentes. De todo eso, y poco más, hubo en el pleno de ayer. Para la oposición puede ser reconfortante regodearse en la soledad y los aprietos del PP en esta materia. Y hacer de ello un ventajista campo de batalla. Pero las cuentas son las que son. La realidad es tan cruda como parece. Las cotizaciones de los trabajadores en activo son insuficientes para pagar las actuales prestaciones. Y ese desfase crecerá conforme envejezca la población. Dos y dos suman cuatro por mucho populismo que se le eche. La viabilidad del sistema urge un debate en profundidad y sin demagogias que plantee soluciones realistas para garantizar en el futuro unas prestaciones dignas. Pero, como los milagros no existen, bueno es saber que ese objetivo requerirá algún tipo de sacrificio. No es hora de verborrea, sino de hacer un ejercicio de responsabilidad.

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