la quinta pregunta

Carles Puigdemont conversa con Oriol Junqueras./EFE
Carles Puigdemont conversa con Oriol Junqueras. / EFE
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

La ha formulado Manuel Valls, aunque no espere contestación: España tiene que aclarar qué significa ser español. El peso de la historia no es igual para todos, porque la balanza está trucada y porque hay gente a la que no le gusta meter el hombro. Se conoce que prefiere que lo hagan otros, mientras Bruselas avisa de que la incertidumbre puede obligar a más ajustes, todos ellos injustos porque afectan a la llamada clase media, que está partida por la mitad. Ayer miércoles, el exvicepresidente del Gobierno catalán, Oriol Junqueras, aseguró que eso de pedir la independencia de Cataluña tiene «un valor simbólico y estrictamente político», o sea que no va en serio, porque lo que no puede ser es, además, imposible. Eso de retractarse es una de las especialidades del Govern, pero la mayoría de los españoles no ven las cosas con el mismo ojo desviacionista del señor Junqueras. Curiosamente, fuera de España nos consideran un país lleno de ideas, buenas, malas y peores, y de gente preparada. ¿Acierta Rafael Moneo al decir que nuestro problema es que no sabemos vivir juntos?

El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha calificado de «desaceleración profunda» lo que padece Cataluña, que hasta ahora estaba considerada como la joya de la corona, antes de hacerse republicana a destiempo. La España de las regiones se ha desbocado, mientras Susana Díaz lo que exige es que se replantee toda la financiación de las comunidades autónomas al mismo tiempo, no sea que unas se atrasen más que otras. ¡Pobre Andalucía!, que sigue creyendo que cantando la pena, la pena se olvida. No es verdad. Las diecisiete Españas que nos han hecho no se entienden unas con otras. El nacionalismo es culpable, porque siempre ha sido un remedio peor que la enfermedad. Y bastante más largo. Nadie sabe dónde está la salida y las puertas están atoradas.

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