El pulso catalán

EDITORIAL

La permanencia en prisión de Junqueras, Forn y 'los jordis', y la encuesta del CIS sacuden el inicio de la campaña electoral

Varios exconsejeros catalanes saliendo de prisión./AFP
Varios exconsejeros catalanes saliendo de prisión. / AFP
EL CORREO

La coincidencia ayer entre el esperado auto del Tribunal Supremo, que mantiene en prisión a los exconsejeros Junqueras y Forn y a 'los jordis', y la publicación de la encuesta del CIS proyectó, en el inicio de la campaña electoral, todas las tensiones y paradojas que atenazan a Cataluña. La insistente colisión entre legitimidad y legalidad, la división respecto al papel que desempeñan los distintos poderes del Estado, la fragmentación partidaria en medio del maniqueísmo dibujado entre bloques... Y, junto a ello, las contradicciones propias de una sociedad en la que conviven diversos sentimientos de pertenencia, sensibilidades políticas contrapuestas y dispares visiones respecto a posibles salidas a la actual situación. Es imposible vaticinar el resultado del 21-D, aunque parece evidente que el independentismo no las tiene todas consigo. Pero sí cabe asegurar que la gobernación de Cataluña requerirá un especial esfuerzo de entendimiento interno, con el Gobierno central y con las demás comunidades. Queda por ver hasta qué punto la continuidad en la cárcel de líderes de la secesión y candidatos destacados, como Oriol Junqueras (cabeza de lista de ERC) y Jordi Sànchez, apurará -junto al autoexilio de Puigdemont- las oportunidades que el victimismo ha concedido a los promotores de la república independiente. Cataluña se muestra tan plural en la encuesta del CIS que ninguna opción política puede sentirse legitimada para constreñir esa diversidad, ni siquiera con la fórmula del derecho a decidir. Sobre todo cuando hay quien aún pretende, tras el fiasco independentista, reclamar todas las ventajas del poder autonómico para insistir en una secesión sin costes. Sería tendencioso subrayar cualquiera de los datos que aporta el sondeo y desdeñar aquellos que los corrigen o matizan. El independentismo no alcanza, según el CIS, la mayoría absoluta en el Parlamento, y mucho menos la de los votantes, pero su épica cuenta con una prima especial en el aprecio hacia sus líderes. Puigdemont capitaliza la figura del president, pero muy por debajo de lo que probablemente habría logrado con una actitud menos descabellada. Junqueras y Sànchez, en prisión, aparecen a ojos del independentismo como víctimas de un Estado implacable; pero otros muchos catalanes, aunque no estén nada complacidos por su suerte, los ven como protagonistas de un destino que buscaron, y al que no renuncian, en su interminable pulso con la legalidad.

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