Puigdemont plantea el pulso del 1-O como un antes y un después

Carles Puigdemont. / Piere-Philippe Marcou (Afp)

El presidente del Govern convierte la jornada en una enorme protesta con urnas a favor del referéndum de autodeterminación

CRISTIAN REINOBarcelona

Pase lo que pase hoy, Carles Puigdemont cree que ha ganado el partido. «Esto ya es una victoria», dijo el viernes en el mitin de cierre de campaña, ante miles de personas. No porque dé por hecho que el referéndum se celebrará con toda la normalidad. El triunfo para el independentismo es haber llegado hasta el final en el pulso contra el Estado central, haber convertido el referéndum en una gran movilización a favor del derecho a decidir y que lo haya visto toda la comunidad internacional.

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Ni que decir que la «victoria definitiva», según los términos utilizados por el presidente de la Generalitat, sería que la jornada electoral transcurriera con normalidad, que hubiera un recuento homologable y que el sí se impusiera al no en las urnas. Pero todo el secesionismo, el Gobierno catalán el primero, es consciente de que la jornada no será normal y que habrá colegios donde no se podrá votar. «Lo que sería un éxito es que los ciudadanos puedan votar», apuntó ayer Oriol Junqueras, en ‘El Periódico de Cataluña’. La ANC, de hecho, situó el baremo del éxito en un millón de votos, el 18% del censo, cifras muy modestas, con las que se curan en salud o con las que se preparan para la batalla por el relato a partir de hoy por la noche.

De entrada, el soberanismo ha conseguido trasladar, y hoy lo hará de una manera muy potente ante toda la comunidad internacional, la voluntad de un muy amplio sector de la sociedad catalana de querer decidir su relación con el resto de España en las urnas. Ese mérito ya se lo apunta el secesionismo. El otro es a largo plazo. Instalados en el 40-48% de los votos, el independentismo solo tiene que esperar a superar el 50% de apoyo popular en unas elecciones catalanas para acabar de dar el zarpazo definitivo. Y en el secesionismo confían en que tarde o temprano lo conseguirán. «Catalanes, persistid, persistid», afirmó Junqueras en el mitin de cierre de campaña.

En cualquier caso, y a pesar de las dificultades que se ha encontrado para organizar la consulta de hoy, el Gobierno catalán llega hasta el último minuto previo al día D con la firme voluntad de asegurar una votación con garantías, lo cual es toda una quimera, pues ni cuenta con sistema fiable para el recuento ni hay junta electoral. Si sorprenden con un sistema de última hora para el recuento y son capaces de ofrecer una cifra oficial de resultados, Puigdemont y Junqueras no se esconden: declaración de independencia a las 48 horas, de acuerdo a las dos leyes que aprobaron Junts pel Sí y la CUP en la Cámara catalana hace casi un mes. Las largas colas frente a los colegios están aseguradas. La respuesta de la ciudadanía se espera masiva. Pero se desconoce cuántos locales electorales podrán abrir con normalidad. Ahí está el problema para Puigdemont, pues la lectura de los resultados no estará clara. ¿Es suficiente un millón de votos como apuntó la ANC para declarar la independencia?

La pregunta no tiene respuesta. Y llegados a este punto, en el tablero catalán casi todos los escenarios son posibles, por inverosímiles que puedan parecer. En el Gobierno catalán, tanto en público como en privado, insisten en que solo están centrados en el 1-O y evitan entrar en los planes B, C o D. Sin embargo, en caso de bloqueo de los colegios y si la imposibilidad de votar es generalizada, estos días se ha especulado con una eventual proclamación de independencia al final de la jornada electoral. Puigdemont y el PDeCAT la han descartado. Junqueras y Esquerra, más o menos, también. Pero la CUP y las plataformas independentistas apretarán de lo lindo para que haya algún tipo de declaración en esta línea. La otra respuesta que se ha planteado, y ante la que la Generalitat ya se prepara, es la convocatoria de una huelga general. Es una vieja aspiración de Junqueras. Y es que pase lo que pase, la batalla secesionista no acaba hoy. «El 1-O no es el final, es el inicio de todo», se ha podido escuchar estos días de la parte soberanista.

La unidad ha imperado hasta la fecha en el bando nacionalista. La tensión ha sido muy fuerte en estos últimos meses, pero el objetivo final lo justificaba todo. En el corto o medio plazo habrá elecciones catalanas y ahí se verán los intereses que tiene cada uno. Los grupos de la izquierda soberanista (ERC y Catalunya en Comú) llevan meses cocinando una posible alianza, lo que quebraría la unidad en el independentismo. Fuentes del PDeCAT no descartan un cierto aterrizaje del proceso, incluso ponen en valor los movimientos del PSOE en el Congreso. Aunque tampoco se descarta una reedición de Junts pel Sí, incluso con la incorporación de la CUP, para llevar a los comicios el compromiso de la declaración unilateral en caso de obtener más del 50% de los votos. Un escenario de escalada de tensión, con detenciones de dirigentes del soberanismo, como Puigdemont o Forcadell, propiciaría esta entente nacionalista.

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