Puigdemont se juega hoy el 155

Carles Puigdemont participó ayer en el homenaje a Lluís Companys junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell. :/EFE
Carles Puigdemont participó ayer en el homenaje a Lluís Companys junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la presidenta del Parlament, Carmen Forcadell. : / EFE

El president apura los plazos para aclarar si proclamó la independencia de Cataluña

CRISTIAN REINOBARCELONA

La crisis de Estado en que se ha convertido el proceso soberanista catalán vivirá hoy uno de sus días clave. El presidente de la Generalitat tiene hasta las 10 de la mañana para responder a Mariano Rajoy si el martes pasado declaró o no la independencia en el pleno de la Cámara catalana, cuando «asumió el mandato de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república» y acto seguido suspendió la declaración de independencia.

Puigdemont, que en los últimos días ha recibido sonoros portazos de la UE, de EEUU, de Alemania o Francia y que ha visto cómo medio centenar de empresas catalanas, entre ellas algunas de las más representativas, se han marchado de Cataluña, no quiso ayer dar demasiadas pistas y mantuvo la incertidumbre hasta el último momento, hasta el instante en que el Palau de la Generalitat envíe esta mañana un burofax a La Moncloa con la respuesta al requerimiento del presidente del Gobierno.

Consciente de que está ante las horas más «difíciles» y a la vez «esperanzadoras» de su mandato, el dirigente nacionalista tiene en sus manos el futuro del autogobierno catalán, en peligro por primera vez tras 40 años de democracia.

LÍMITE

10.00 Horas.
Es el tiempo límite que tiene Carles Puigdemont para responder al requerimiento que le remitió el Ejecutivo central tras el pleno del Parlamento catalán del pasado martes

Si el dirigente nacionalista afirma por escrito que hubo declaración formal de secesión, como firmaron los 72 diputados de Junts pel Sí y la CUP en un documento sin valor jurídico al final del pleno de la semana pasada y como le pide el sector más radical del secesionismo, con ERC, la CUP, la ANC y Ómnium a la cabeza, el conflicto entre las instituciones catalanas y las del resto de España se desatará con toda su crudeza. Mariano Rajoy aplicará el artículo 155 y la autonomía catalana quedará en suspenso. Las incipientes llamadas al diálogo quedarán en meras apelaciones vacías.

En las horas previas al segundo día D en una semana, Puigdemont presidió ayer un acto cargado de simbolismo, el del aniversario del fusilamiento del presidente Lluís Companys por las tropas franquistas hace 77 años. La ceremonia, a la que acudieron todos los miembros de su gobierno, además de la presidenta de la Cámara catalana y la alcaldesa de Barcelona, se produjo cinco días después de que el vicesecretario de Comunicación de PP, Pablo Casado, dijera que Puigdemont podría acabar como Companys, que acabó siendo detenido tras proclamar el Estado catalán en la II República. En un ambiente tenso, los representantes socialistas fueron abucheados.

El jefe del Ejecutivo ensalzó ayer la figura del presidente mártir, recordó que fue «asesinado en nombre del orden y la legalidad establecidas» y reivindicó «la paz, el civismo, la serenidad, la firmeza y la democracia como inspiradores de las decisiones que debemos tomar». En esos cinco conceptos estará la clave de la contestación que hoy dará a Rajoy.

Posible contestación

Una réplica que podría evitar la respuesta binaria que le exige el presidente del Gobierno en su requerimiento y que de no ser tan clara como le pedía, trasladaría la pelota al tejado de Rajoy, que sería quien tendría que tomar la decisión de aplicar el 155 o no ante las presiones de la UE y de algunas fuerzas como el PSOE o el PNV, que le piden que rebaje la tensión en la crisis catalana.

Quienes aprietan al presidente de la Generalitat para que levante la suspensión de la declaración de independencia han llegado a la conclusión de que su victoria solo llegará si Rajoy aplica el 155, el conflicto se traslada a la calle, se paraliza la economía catalana, regresan las imágenes policiales del 1-O y los mercados se resienten.

Solo así, creen que Merkel y la UE acabarán presionando a Rajoy para que permita un referéndum pactado. Pero el precio a pagar sería muy alto. No solo la detención y procesamiento del presidente, del vicepresidente y buena parte del Ejecutivo, sino que la fuga de empresas se aceleraría, Cataluña entraría en crisis y la fractura social se instalaría como una frontera insalvable para la convivencia.

Entre los que más presionan a favor de una independencia total está la CUP. El grupo anticapitalista se dejó llevar por el simbolismo del acto de homenaje a Lluís Companys para afirmar que pase lo que pase, el presidente de la Generalitat no estará solo. «No sabemos cómo acabará Carles Puigdemont, pero podemos asegurar que si tiene que acabar como Lluís Companys, habrá muchos más», aseguró la diputada Gabriela Serra.

Aunque la analogía que Casado (PP) hizo entre Companys y Puigdemont fue muy criticada, desde la formación anticapitalista no evitaron ayer la comparación. «No tendremos nuevamente un presidente con los pies descalzos y los ojos abiertos diciendo ‘viva Cataluña y viva la República’ ante un paredón. Eso no lo veremos, lo impediremos», afirmó Serra.

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