Puigdemont carga contra la UE por su complacencia con el «fascismo español»

Puigdemont y los exconsellers que se mantienen en Bélgica posan ayer con los 200 alcaldes independentistas. / EFE

El expresident reaparece en un acto con 200 alcaldes y reta a Bruselas a decir si apoyará el «golpe de Estado de Rajoy tras el 21-D»

ADOLFO LORENTE

Era su día y no lo desaprovechó. Ayer, 7 de octubre, cuando todavía queda un mundo para el incierto 21-D, Bruselas acogió el primer mitin de la campaña electoral de Cataluña. Apenas 48 horas después de quedar en libertad condicional al menos hasta el próximo viernes 17 y tras días escondido jugando al gato y al ratón, Carles Puigdemont accedió en la sala Bozar como una auténtica estrella de rock aclamado por los 200 alcaldes independentistas llegados de Cataluña que le arroparon como a un héroe. «¡President! ¡President! ¡Llibertad! ¡Llibertad!».

Jugaba en casa, o al menos lo parecía, y el expresident se desfogó criticando la indiferencia de la UE y arremetiendo con una enorme dureza contra el «fascismo español», al que acusó de perpetrar un «golpe de Estado» contra el «Gobierno legítimo de Cataluña» del que aún se considera máximo responsable pese a estar cesado y viviendo en el ‘exilio’.

A las 17.27 horas apareció. Lo hizo entre fuertes medidas de seguridad y en compañía de los cuatro exconselleres que decidieron huir a Bélgica y no presentarse ante la jueza de la Audiencia Nacional que encarceló al resto del Govern. Toní Comín, Meritxel Serret, Clara Ponsantí y Lluis Puig fueron abrazados, besados, jaleados... «Vuestra fuerza es nuestra fuerza», admitió una emocionada Serret. Todos los discursos pivotaban sobre un relato central, pintar una España franquista, repitiendo una y otra vez términos clave en su estrategia como «represión», «ataque», «agresión», «fascismo» o «presos políticos». Cuando se referían a ellos, a su actuación política, utilizaban expresiones como «democracia y paz».

No podrá acceder a las instituciones comunitarias sin que exista una autorización judicial

Entre eurodiputados y alcaldes hubo siete teloneros que hablaron en inglés, francés o incluso alemán para «internacionalizar el 155 desde el corazón de la UE». Pero su audiencia, salvo una decena de eurodiputados nacionalistas de otros países, se limitaba a esos 200 alcaldes, muchos de los cuales no entendían lo que se estaba diciendo. Fueron cerca de dos horas de intervenciones. El momento estelar llegó a las 18.40 h, cuando las varas de mando de los regidores volvieron a agitarse con fuerza hacia el cielo al grito de «president» y «llibertad». Era su día. El ‘poble’ quería más.

El expresident habló durante 18 minutos y no dejó títere con cabeza. Eso sí, en ninguno momento habló de la lista única que tanto anhela el PDeCAT, su partido, para difuminar su posible descalabro. Se limitó a atacar a España, sobre todo, y a la UE, a cuyas instalaciones no podrá acceder sin permiso judicial. «El fascismo español, ayudado por el nazismo, fusiló a Lluís Companys. Hoy, ese fascismo, con impunidad total, participa en las manifestaciones convocadas por el partido del Gobierno de España, la España del clan del 155», censuró.

¿Y quién paga todo este viaje a Bruselas?

«Si vienen aquí 200 alcaldes y lo que os preocupa es eso, yo creo que erráis el tiro». Miquel Buch, presidente de la Asociación Catalana de Municipios, no entendía cómo los corresponsales de Bruselas podían preguntar si la factura de fletar un avión, alquilar autobuses en Bruselas y alquilar la sala principal en el museo de Bellas Artes de la ciudad se pagaba con dinero público. Y claro, fue decir eso y no preguntar de otra cosa. «Cada alcalde ha pagado lo suyo», zanjó. ¿Y la sala? Dudó, pero dijo que «los eurodiputados» de ERC y el PDeCAT, unos políticos que negaron no saber nada del asunto. Al final, fuentes de la asociación matizaron que se había equivocado y que lo sufragaban ellos.

Sin embargo, el relato era diferente en función de a quién se le preguntaba. «Hay de todo. Hay alcaldes que se han pagado el billete y hay alcaldes a los que se lo paga el Ayuntamiento. Ha sido una decisión personal», explicó la alcaldesa de La Garriga, Meritxell Budó (PDeCAT) que «entendió que era un acto institucional», así que lo pagó su Consistorio.

«Héroes del exilio»

Sus exabruptos iban hacia Madrid pero su mensaje estaba dirigido hacia la Unión Europea, hacia un club que le ha dado la espalda por vulnerar repetidamente la ley. «Señor Junker (presidente de la Comisión) y señor Tajani (del Parlamento), ¿es esta la Europa que quieren, la que manda a un gobierno a la prisión? ¿Aceptarán los resultados del 21-D o seguirán ayudando al señor Rajoy en su golpe de Estado?», retó.

«¡Viva la República catalana!», gritaba el auditorio. Puigdemont sonreía satisfecho, orgulloso. Era su día. El broche llegó con ‘Els Segadors’ y con una foto de familia y ‘selfies’ con los «héroes del exilio». Abrazos, besos y el adiós. Vuelta al escondite.

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