La campaña desde: una sede de Catalunya en comú-podem

«Se ha puesto a la mitad de la sociedad contra la otra mitad»

Militantes de En Comú-Podem preparan parte del material para uno de sus mítines./VICENS GIMÉNEZ
Militantes de En Comú-Podem preparan parte del material para uno de sus mítines. / VICENS GIMÉNEZ

Los comunes aspiran a convertirse en la llave que abra la puerta a la gobernabilidad en Cataluña: «Puede pasar cualquier cosa»

DAVID GUADILLA

Los comunes sueñan con ser especiales. Convertirse en una especie de «llave» mágica que abra la puerta de la gobernabilidad en Cataluña. Con dos bloques enfrentados y aparentemente parejos en apoyos, Catalunya en Comú-Podem, la marca avalada por Ada Colau y Pablo Iglesias y que cuenta con el diputado Xavier Domènech como cabeza de cartel, se ha convertido en una especie de oscuro objeto de deseo al que miran todos. El fiel que puede desequilibrar la balanza. Las encuestas les dan en la parte baja del escalafón, pero en esta campaña todo parece posible. Incluso que Domènech sea el futuro presidente aunque los comunes sean la quinta fuerza. ¿Complicado? Depende. «Mira, a mis 52 años he militado en grupos ecologistas, soy animalista y he estado en colectivos de izquierda y siempre he estado acostumbrada a perder, y ahora, de golpe, me estoy acostumbrando a ganar, así que cualquier cosa puede pasar. Soy optimista».

Es probable que para que lo imposible se haga realidad sea necesaria gente como Rosa Mateu. Su nombre empieza a ser más conocido de lo habitual entre sus vecinos. Forma parte de la campaña ‘del barrio al Parlamento’ que han puesto en marcha los comunes. Su presencia es simbólica. No se convertirá en diputada porque va en el número 69 de la lista de Barcelona, pero su rostro ha sido uno de los elegidos para figurar en los carteles electorales de la formación. Con esta fórmula quieren reforzar su papel de alternativa, de representar a la «gente normal» con una campaña que a veces se sale de lo normal. «Con esta hemos recibido algunas críticas», reconoce Enric Bárcena, «sin ‘s’ al final, por favor». No se refiere a la de los carteles con rostros desconocidos, sino a otra más ‘retro’, con Rafaela Carrà de protagonista y su estribillo ‘explota explota explo…’ como música de fondo. Se trata de reventar globos, alegorías de todas las «burbujas» que se han ido creando durante los últimos años. «Algunos nos han puesto a parir porque si Carrà va no se cómo…», admite Bárcena. «Y a todos les he dicho que con Rafaela nadie se meta, que es una diosa», bromea entre risas Mateu. «Otros partidos dan globitos a los niños para que los lleven todo el día, nosotros para que los hagan estallar».

Los datos

47.000
militantes tiene la confluencia. Unos 30.000 son los inscritos activos en Podem, 9.500 proceden de Barcelona en Comú y cerca de 8.000 son los afiliados a Iniciativa y Esquerra Unida.
59%
de las bases de los comunes avalaron votar en la consulta del 1-O.
Incertidumbre
«¿Cuál será la solución tras el 21-D? ¿Otras elecciones hasta la extenuación?», se pregunta un militante
Canaron en las generales
Aunque las encuestas les colocan en la parte baja, esperan ser determinantes para una solución

Pero si alguien piensa que todo forma parte de una estrategia un poco pasada de moda diseñada por un grupo de alocados militantes, cuidado. Barcelona es un laboratorio en el que estas combinaciones han sido un éxito. Colau gobierna en la ciudad y la lista de Domènech fue la más votada en las pasadas elecciones generales. En la sede de la calle Marina trabajan una treintena de personas, la mayoría jóvenes. Todo organizado. Reuniones sectoriales, división de tareas… Cada uno delante de un ordenador. Proyectos, redes sociales… Un pequeño ejército preparado para combatir en una batalla con dos frentes y en la que ellos están en medio. «La verdad es que a veces me he sentido como si estuviera entre esas paredes de las pelis de Indiana Jones que se van estrechando. Se ha puesto a la mitad de la sociedad contra la otra mitad y así no se puede construir ningún proyecto político», subraya Bárcena, quien no es especialmente optimista. «Se van cerrando caminos. O estás conmigo o contra mí. Y eso solo deja tierra quemada. Hay una agresividad enorme en las redes sociales». Rosa Mateu va en la misma dirección. «Es que esa idea que había aquí de Cataluña, de un solo pueblo, se ha roto».

Aunque nadie se fía de las encuestas, todos coinciden en que aciertan en una cuestión: en que el mapa político que salga del 21-D será enloquecido. «¿Y cuál es la solución? ¿Otras elecciones hasta la extenuación?», se pregunta Bárcena. Por eso confían en Catalunya en Comú-Podem en que el único puente que puede unir a los dos bloques es Domènech. «¿Por qué no? No es del todo descabellado», augura David Balbás, vitoriano de nacimiento, arquitecto de formación y que ahora intenta mantener viva la maquinaria de campaña. «Es que me he sentido por momentos como si estuviera en una habitación cerrada, sin puertas y sin ninguna salida». Y, a su juicio, la más factible pasa por Domènech. «Las alternativas me aterran», reconoce.

Escenarios diversos

Nadie quiere pronunciarse sobre lo que puede pasar el 21-D. Los escenarios que se plantean son casi tan diversos como ciudadanos hay en Cataluña. «Si los ‘indepes’ no ganan, no descarto que digan que no reconocen el resultado electoral y cosas así», augura Bárcena, orgulloso al igual que Balbás y Mateu de que en Catalunya en Comú-Podem convivan independentistas y quienes no lo son. «Podemos discutir, pero trabajamos juntos».

El ‘buen rollo’ que hay en la sede de Marina también hace que se reste importancia a la crisis que se abrió en Podemos, con la expulsión de su exlíder Albano Dante Fachin. Porque Catalunya en Comú- Podem es la heredera de Catalunya sí que es Pot. Como a muchas cosas más, el ‘procés’ también llevó al límite a la marca que se presentó en 2015. «Bueno, aquello era un espacio quizás más difuso. Ahora estamos más cohesionados y creo que vamos a obtener mejores resultados de lo que dicen las encuestas», afirma convencido Balbás. A su espalda, un cartel: ‘DUIgdeKong vs Rajoyzilla 155’. La batalla imposible.

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