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EDITORIAL

Al señalar el empleo de calidad como prioridad número uno para el nuevo año, el lehendakari da sentido al clima de estabilidad y concordia que vive Euskadi

El lehendakari, Iñigo Urkullu./EFE
El lehendakari, Iñigo Urkullu. / EFE
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El lehendakari Iñigo Urkullu quiso dar la bienvenida a 2018 con un mensaje de esperanza y solidaridad, resaltando los valores de la sociedad vasca y el clima de diálogo y entendimiento que caracterizan el nuevo tiempo en Euskadi. La principal virtud de su discurso fue que todos y cada uno de los ciudadanos vascos podían sentirse representados en él, al margen del mayor o menor optimismo con que cada cual afronta el nuevo año. La conversión del empleo de calidad en «la prioridad número uno» del ejercicio que ahora se inicia no solo centra los objetivos institucionales, especialmente ante la falta de expectativas de muchos jóvenes y las dificultades que encuentran los parados de más edad para volver a trabajar. Además, al situar tal propósito en el epicentro de la acción de gobierno el lehendakari da un sentido preciso a la etapa de estabilidad política que vive el País Vasco, puesto que devuelve las metas de la actualización del autogobierno o de la convivencia con memoria al ámbito de la normalidad, soslayando cualquier visión angustiada de tales cuestiones. Normalidad que descansa en el compromiso expuesto días antes por el propio Urkullu, en la recepción ofrecida en Ajuria Enea con motivo de las Navidades, cuando habló de un «acuerdo integrador» en Euskadi que permita a nuestra comunidad autónoma «un nuevo pacto con el Estado que respete la relación bilateral con garantías». El lehendakari ha sido capaz, muy personalmente, de evitar que el nacionalismo vasco acabara sintiéndose interpelado por el independentismo catalán, y ello afectase a «la casa del encuentro y el diálogo» que es Euskadi. Urkullu afirmó en su alocución que hoy estamos mejor que hace un año. Pero la ‘salvedad catalana’ puede afectar también a la economía vasca si nuestro ejemplo de concordia no alcanza a disuadir a quienes aspiran a recuperar las riendas de la Generalitat. No hay que olvidar que el «modelo vasco de protección social», al que se refirió el lehendakari como garantía básica de bienestar, depende de las perspectivas de crecimiento del país en su conjunto, a pesar de que hoy las vascas parezcan muy sólidas. Urkullu tuvo el acierto de comparecer ante los ciudadanos con un discurso pensado más para recibir al nuevo año que para hacer balance del anterior. Y lo hizo, como cabía esperar, con las palabras propias de un dirigente que ha contribuido a sacar a Euskadi del terreno siempre resbaladizo de las emociones en política.

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