Populismo o justicia

El PNV resiste la presión pese al clamor social a favor de la prisión permanente revisable

La prisión permanente revisable ha vuelto a la palestra tras el crimen de Gabriel./EFE
La prisión permanente revisable ha vuelto a la palestra tras el crimen de Gabriel. / EFE
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Al PNV no le ha pillado con el pie cambiado el clamor que el asesinato en Almería del pequeño Gabriel Cruz ha desatado en España a favor del mantenimiento de la prisión permanente revisable. Ya era consciente de que las tornas estaban cambiando cuando la encarnizada pelea por la hegemonía del centroderecha entre PP y Ciudadanos logró reactivar la tramitación en la Cámara baja, hasta entonces paralizada, de su iniciativa para derogar lo que Sabin Etxea considera una «cadena perpetua encubierta». La campaña impulsada por las familias de Mari Luz y Diana Quer hizo virar la posición de los naranjas, que en su momento firmaron con el PSOE invalidar la pena indefinida de cárcel. Y al PP le interesó enmendar la iniciativa jeltzale para ampliar los supuestos a los que se aplica la controvertida figura y así sacar pecho y confrontar con Albert Rivera.

Pero el domingo a todos se nos hizo un nudo en la garganta a la hora del aperitivo. También a los jeltzales, cuyos grupos de Whatsapp echaron humo, conmocionados por el hallazgo del cuerpo del menor en el maletero del coche de la novia de su padre y conscientes también del chaparrón político que se les venía encima. Pero en la reunión del lunes lo tuvieron claro: «No se puede legislar al dictado del programa de Ana Rosa» ni dejarse llevar por el «populismo punitivo», expresión acuñada por los ideólogos jeltzales como sinónimo de la más manida 'legislar en caliente'. Los nacionalistas vascos se mantendrán «por coherencia» a la vanguardia del bloque que se opone a la pena agravada y lograrán previsiblemente mañana con el apoyo de PSOE y Podemos tumbar las propuestas de populares y liberales.

El PNV no se mueve y no ha suscitado el más mínimo debate interno sobre el asunto, convencido de que en Euskadi existe «otra sensibilidad» respecto a la política penitenciaria, alimentada por décadas de dispersión de los presos de ETA. Según esta teoría, la sociedad vasca estaría mayoritariamente alineada con unas tesis más progresistas, partidarias de las penas de cárcel con fines de reinserción, en línea con el «humanismo» del que hace gala el PNV en su ideario. Los jeltzales, pese a sus abundantes acuerdos con el PP en materia socioeconómica, se mueven desde que Urkullu presidía el EBB en posiciones de perfil más socialdemócrata en asuntos que tocan la fibra sensible de los ciudadanos. Recordada es su postura a favor de la ley del aborto cuando hasta entonces dejaba libertad a sus diputados para votar en conciencia. Ahora, insiste en que prefiere el modelo «noruego» al estadounidense y arguye que el endurecimiento del Código Penal no ha evitado crímenes horrendos como el de Gabriel. Pero nada dice de la cuestión que verdaderamente inquieta a muchos ciudadanos de bien, también en Euskadi: la reincidencia en gravísimos delitos de ex presos que para muchos redimieron demasiado pronto su pena.

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