¡Pobre Cataluña!

Los planes del independentismo para formar Govern son un nuevo desatino. El juez Llarena se arriesga a hacerle el juego

¡Pobre Cataluña!
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Seguro que conocen el juego de la oca, que incluso alguna vez han jugado y han dicho aquello ‘de oca a oca y tiro porque me toca’. El desafío del independentismo catalán al Estado no es ningún juego. Pero me temo que los secesionistas, lejos de reflexionar sobre lo ocurrido estos meses y de apostar por abrir un nuevo ciclo, han decidido conducir a Cataluña de despropósito en despropósito, con total desprecio al interés general de la mayoría de sus ciudadanos, que no está por la ruptura, como volvió a ponerse de manifiesto en las autonómicas del 21 de diciembre.

Díganme, si no, cómo calificar el plan que ultiman los neoconvergentes de Junts per Catalunya y Esquerra Republicana para la formación de un nuevo Govern. Recuerden que Puigdemont comenzó exigiendo ser restituido como president. Y los republicanos anunciando que buscarían un Ejecutivo legal y estable.

Pues bien, JxCat y ERC tienen previsto aprobar mañana en el Parlament una resolución que busca legitimar a Puigdemont. Será el primer paso para que su nombramiento en Bélgica como presidente de un consejo de la república con funciones desconocidas, tras lo que se haría a un lado para permitir la investidura de otro president.

La prioridad ‘indepe’ sigue siendo buscar la colisión con el Estado. Qué mejor que proponer para el cargo a Jordi Sànchez, expresidente de la ANC (Asamblea Nacional Catalana) y diputado de JxCat, en prisión desde noviembre.

Si el juez Llarena le autoriza a acudir al Parlament, Sànchez logrará la investidura y los soberanistas habrán logrado el objetivo: trasladar al mundo que Cataluña tiene a su president entre rejas, porque tan pronto concluyera la sesión parlamentaria, Sànchez regresaría a la cárcel.

Si, por el contrario, el magistrado del Supremo niega al exlíder de la ANC el traslado por riesgo de que se produzcan alteraciones del orden público cometería a mi juicio un doble error. Alimentaría el victimismo soberanista. Y, lo que puede ser más peligroso para España, ignoraría el precedente que estableció el Supremo en 1986 cuando autorizó al etarra y candidato a lehendakari por la izquierda abertzale, Juan Carlos Yoldi, a acudir al Parlamento de Vitoria para defender su candidatura. Difícil vender al mundo que hay más riesgo de desórdenes o de fuga en la Cataluña de hoy que en la Euskadi del terrorismo de ETA.

Si Jordi Sànchez logra ser president, el exconseller Jordi Turull, también procedente de CiU, será su ‘número dos’ y la persona que se encargará del día a día del Govern. Si no, el investido sería él y pasaría a ocupar el despacho principal del Palau. Posiblemente por poco tiempo

Y es que si Llarena les termina procesando por rebelión y/o sedición -el auto se espera para abril, mayo a más tardar- quedarían inhabilitados de inmediato. La presidencia sería entonces para la estrella emergente de los herederos de CiU, Elsa Artadi. La cuarta ficha del juego que traman los ‘indepes’.

Con semejante perspectiva a orillas del Mediterráneo y Ciudadanos, totalmente crecido y lanzado al cuerpo a cuerpo con el PP por cada voto de derechas, ¿ustedes creen que Rajoy iba a levantar el 155? Yo no.

¿Y la sanidad? ¿Y las carreteras? ¿Y si los catalanes llegaran a la conclusión, como ya les pasó a los belgas, de que tampoco es tan malo estar sin un gobierno al uso?

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