UNA PISTA DE HIELO

El cambio de los independentistas en su política de alianzas es constante

UNA PISTA DE HIELO
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

La campaña electoral catalana acabará, formalmente, mañana martes, pero la fractura social y política que ha germinado tras cinco años de machacona insistencia de los independentistas, seguirá si no se produce un cambio en el Ejecutivo. Después de tan abrupto final de legislatura los representantes de la última Generalitat que estuvieron tan instalados en la propaganda y tan alejados de las responsabilidades de gobierno, siguen lanzando mensajes de continuidad.

Como si nada, más allá del encarcelamiento y la fuga de sus líderes, hubiera pasado. Como si la marca de Cataluña no se hubiera despeñado cuesta abajo y sin frenos y más de tres mil empresas no se hubieran fugado después del referéndum ilegal del 1 de octubre. Como si no se estuvieran destruyendo empleos por falta de motivación económica y los turistas no hubieran cambiado de destino. Solo darán marcha atrás para tomar impulso y recomponer la república independiente intentando restituir en sus cargos a los cesados. Ése es su proyecto. Poca influencia podrán tener, sin embargo, en la Justicia para excarcelar a los suyos o poner una alfombra de impunidad a los prófugos de Flandes porque, a pesar de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría que, en un alarde de torpe partidismo, dijo que el descabezamiento de la Generalitat se debe a Rajoy y al PP, los tribunales manejan sus tiempos. Hasta el punto que, en numerosas ocasiones, han perjudicado los intereses del Gobierno.

Pero en en esta campaña los candidatos improvisan más de lo habitual porque el 21-D es una pista de hielo en la que les resulta difícil mantenerse en pie.

El resbalón de Iceta con su indulto a los políticos catalanes que deberán ser juzgados ya ha pasado a formar parte del archivo. Los planteamientos de algunos candidatos son tan volubles que ayer los socialistas estaban en otra cosa. El dirigente catalán pudo colgarse la medalla de haber reconciliado a Pedro Sánchez y Rodríguez Zapatero en un acto electoral. Pasó de justificar el ‘derecho a decidir’ a apoyar el artículo 155 y a prometer no hacer presidente a ningún independentista . Después de lograr que su secretario general y su antecesor (‘susanista’ convencido y confeso en las elecciones primarias) hayan olvidado sus disputas, se le antoja más fácil verse como president de la Generalitat. No por méritos propios electorales sino por anulación mutua de los adversarios. Es decir, presidente por carambola. Pero algoritmos más difíciles hemos visto en la política. El de Patxi López, sin ir más lejos, que llegó a ser lehendakari gracias al apoyo del PP después de unas elecciones en las que el PNV resultó ser la fuerza más votada.

Iceta confía en que los comunes de Podemos sean más decisivos de lo que les deparan las encuestas para incorporarlos a un Govern transversal aunque sumarían menos apoyos que los que obtendría Inés Arrimadas si le votara el PP y el PSC. Tendrá que seguir calculando porque un Ejecutivo tripartito con ERC queda descartado por los propios republicanos que están en un sin vivir con los movimientos de los ‘lobbys’. El cambio de los independentistas sobre su política de alianzas es constante. Rechazados los pactos con fuerzas que no sean rupturistas, ERC ha pasado de defender a Puigdemont como president legítimo a rescatar a su líder natural, el ‘amoroso’ Junqueras. Mientras la ANC amplía su apoyo iniciático a Puigdemont a todas las fuerzas independentistas. Una corrección a tiempo bien puede valer una presidencia.

Si finalmente los comunes de Domènech permiten un Gobierno independentista es una pregunta que se formula con inquietud en los círculos de Pablo Iglesias. En unas elecciones tan reñidas, la única certeza es que si vuelven a ganar los mismos habrá desafío rupturista, segunda parte. Se reeditaría el bloqueo institucional sin que existan las garantías de que Rajoy pudiera mantener el 155 con los mismos apoyos del PSOE y C’s. Si los secesionistas salieran fortalecidos volverían a intentar pasar la misma película. Y si no ganan, están dispuestos a insinuar un ‘pucherazo’. Pero, afortunadamente, no estamos en Venezuela. Y estas elecciones no son como el referéndum ilegal del 1-O. Que tenga que recordar el ex primer ministro galo, Manuel Valls, que España es un Estado democrático da la dimensión del límite a donde ha llegado la manipulación de los ex gobernantes de Cataluña.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos