Patadón y a seguir

Lejos de pisar el acelerador por influencia catalana, los partidos se dan al menos otro año de margen para acordar un nuevo estatus

Patadón y a seguir
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Escarbemos un poco más allá del entusiasmo con el que la izquierda abertzale saludó ayer la aceptación mayoritaria del derecho a decidir como objeto de los trabajos de la ponencia de Autogobierno. Que los árboles no nos impidan ver el bosque. El observador poco versado en los antecedentes podría concluir que la efervescencia en Cataluña ha servido para dar un impulso decisivo a un debate hasta ahora adormecido o incluso que la temida epidemia de ‘soberanitis’ está a punto de infectar la hasta ahora plácida escena política vasca. Pero, en realidad, el foro parlamentario que debe alumbrar un nuevo Estatuto casi cuatro décadas después del de Gernika, lejos de pisar el acelerador, dio ayer un nuevo patadón al balón que permite a los partidos ganar tiempo y dilatar el quid de la cuestión -qué se pacta, en qué condiciones y con qué apoyos- al menos durante un año más. Eso, como mínimo.

Los grupos parlamentarios podrán evitar mojarse en lo fundamental al menos hasta principios del año que viene. O incluso, si quieren apurar, podrían estirar el chicle para no abrir el melón hasta después de las elecciones municipales, que tocan en mayo de 2019. El PNV quiere que a finales de enero la ponencia encargue a una comisión de expertos la redacción del borrador estatutario. Que todo tenga apariencia de proceso sostenido y en marcha. Pero asume que los juristas que reciban el difícil encargo de amalgamar en un texto jurídico la compleja pluralidad vasca no arranquen, pongamos, hasta abril. Y después el propio acuerdo de gobierno PNV-PSE establece en ocho meses el plazo que se dará a los redactores para ‘parir’ el Estatuto. Nos ponemos, lo dicho, pasado ya el ecuador de la legislatura, a comienzos de 2019. Unos cálculos a los que hay que añadir el interés en aplazar lo máximo posible un debate incómodo para el que cree que no existe «urgencia». Su tesis es que el Concierto ya proporciona un amplio margen de maniobra que aconseja evitar las prisas.

Hay, además, otro factor fundamental. Los socialistas recelan de que sea una institución cercana a las tesis nacionalistas la que recoja el guante de redactar el Estatuto. Prefieren que cada grupo proponga a un experto de «reconocido prestigio» y se comprometa a asumir su dictamen como texto base, que debería luego someterse a un laborioso plazo de enmiendas. No parece que el PNV vaya a oponerse, pero todo apunta a que EH Bildu y el PP no se sentirán cómodos con un encargo llamado a no gustar a nadie para acabar gustando a todo el mundo. El eje PNV-PSE-Podemos se presume como el más factible para moldear en el debate parlamentario ese armazón, en cuya redacción influirá, seguro, la experiencia catalana para no salirse de los límites legales. Un factor clave para que el PNV, en aras del consenso y del acuerdo con Madrid, pudiera explicar su eventual decisión de no forzar el desbordamiento de la legalidad vigente.

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