La rectificación de Forcadell: del «ni un paso atrás» al acatamiento

Carme Forcadell firma el documento de declaración de independencia de Cataluña el pasado 10 de octubre./AFP
Carme Forcadell firma el documento de declaración de independencia de Cataluña el pasado 10 de octubre. / AFP

La expresidenta del Parlament esgrimió en el pasado un duro discurso muy alejado del que concedió ayer al acatar la aplicación del artículo 155

I. C. GONZÁLEZ

En plena efervescencia independentista en Cataluña, cuando las fuerzas soberanistas se sentían fuertes para responder al Gobierno central y contrarrestar las medidas del Estado con protestas en las instituciones y en la calle, el discurso de Carme Forcadell era duro y sin concesiones, muy alejado del que esgrimió ayer en su testimonio en el Tribunal Supremo, en el que acató la aplicación del artículo 155 de la Constitución y concedió un mero valor simbólico a la declaración de la república catalana, lo que le valió la orden de ingreso en prisión eludible bajo fianza de 150.000 euros. Sin duda asesorada por sus abogados durante la semana de prórroga que le concedió el juez Pablo Llarena, ha quedado claro que el mensaje secesionista de entonces y la defensa jurídica de ahora transitan por caminos muy diferentes.

El pasado 21 de octubre, horas después de que Mariano Rajoy anunciara la intervención de la comunidad autónoma, la expresidenta del Parlament compareció públicamente para responder con un aviso contundente, resumido en el espíritu del 'no nos moverán' hagan lo que hagan en Madrid. Forcadell consideró la actuación del Ejecutivo del PP, apoyada por PSOE y Ciudadanos, como un «golpe de Estado de facto» contra un Parlament «con la mayor legitimidad de la historia reciente» de Cataluña. Y advirtió de que las medidas proyectadas por el Gobierno, sancionadas posteriormente por el Senado, en ningún caso provocarían «un paso atrás» tanto de la Cámara como de las instituciones autonómicas, a las que llamó a defender en las calles. Habló del encarcelamiento de los responsables de la ANC y Òmnium Cultural, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, a los que definió como «presos políticos», y dijo que su ingreso en prisión suponía un portazo a la «oferta de diálogo» de Carles Puigdemont.

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Carme Forcadell llegó a afirmar aquel 21 de octubre que las medidas impulsadas por el Ejecutivo superaban los límites de la Carta Magna y dejaban al descubierto a quienes «se les llena la boca» en defensa de la Constitución y, sin embargo, no tienen pudor en vulnerarla y caer «en la más flagrante de las ilegalidades». Añadió, asimismo, que en los últimos siete años los catalanes han sido regidos por un Estatut «que no votaron».

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