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Puigdemont, resentido con la Unión Europea, se acerca al populismo

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Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

A medida que nos acercamos a la fecha de las elecciones catalanas, el panorama demoscópico se va perfilando en dos bloques prácticamente empatados entre separatistas y constitucionalistas. Pero la excepcionalidad de esta cita electoral por la que transitan los encuestadores de intención de voto, ofrece tan pocas certezas que viene a dar la razón a Simone de Beauvoir cuando señalaba que la política es el arte de predecir el presente. Da que pensar que un error pueda hacer brotar la chispa y provocar un giro inesperado. Nadie se atreve a aventurar cómo va a ser el nuevo gobierno. Pero se da por hecho que si la excarcelación de los exmiembros de la Generalitat se acaba produciendo (ahora que el Tribunal Supremo ha unificado las causas con la Audiencia Nacional, exceptuando a los ‘jordis’) el enfoque de la campaña independentista experimentará cambios vertiginosos.

Hoy se cumple un mes de la proclamación de la república independiente en un Parlamento medio vacío y de la activación del artículo 155 de la Constitución. Desde entonces, la presión política va subiendo de bares cada vez que habla Puigdemont. Con sus golpes de efecto, su dramatismo, su victimismo. Sostenía Elías Canetti que el odio es el motor que mueve el comportamiento del ser humano que busca desahogos a sus frustraciones. Al prófugo expresident le funciona haberse instalado en ese canal para lanzar dardos continuos contra quienes no le dan la razón. El Gobierno de Rajoy, España en general, el Estado « autoritario» y ahora contra la Unión Europea. Tachándola de club de países decadentes y proponiendo que los catalanes voten si quieren permanecer, o no, en Europa. De locura. Sencillamente porque le ha dado la espalda. La misma Unión a la que ha apelado insistentemente durante su breve legislatura para que reconociera su derecho a separarse de España saltándose la Constitución y su propio Estatut ya no le sirve. Cada vez más radicalizado y más visionario.

Justo lo contrario que el PNV, que después de haberse sentido descolocado tras la intervención del Estado en el Gobierno catalán, ha vuelto al centro negociador. Con el PP en Euskadi y Madrid. Para no perder comba en la relación bilateral con el Estado. En el caso de Puigdemont puede ser que se trate de un desahogo para canalizar su aversión hacia todo lo que no sea independentista, pero está a punto de dar al traste con la vocación europeísta de la que hicieron gala sus maestros en Convergencia. Está resentido. Y cada día que pasa sube un peldaño más hacia el discurso antisistema y euroescéptico. Una oportunidad que Rivera ha aprovechado para compararlo con Le Pen y los populistas que quieren destruir Europa.

Con Junqueras en la calle (que tiene más ‘tirón’ que la doliente Marta Rovira) tendrá competencia. No podría seguir presentándose como el candidato útil del independentismo, que ha sido su causa, porque ni las encuestas que le ubican en el cuarto lugar del panel político le han bajado los humos. Tendrá que competir con ERC por la hegemonía del voto soberanista, y aunque pacten aparcar la vía unilateral de independencia y coincidan en los mensajes victimistas, necesitarán marcar sus diferencias.

Los constitucionalistas, sin embargo, tienen el reto de encontrar lo que les une si de verdad quieren movilizar el voto del cambio. Pero han empezado a la gresca a partir del momento en que el PSC, que está soportando la presión de las críticas independentistas por haber apoyado el 155, busca la difusa ‘tercera vía’. Y Pedro Sánchez, que necesita reencontrarse consigo mismo recuperando el ‘no es no’ al centro derecha, ya descarta apoyar a Inés Arrimadas, que capitalizará el voto del 155 y el no a la independencia. ¿Su partido apoyó a Ada Colau y ahora rechazará a la dirigente de Ciudadanos por falta de experiencia de gestión?

Lo que parece claro es que no les puede ir bien a los dos. Si Iceta piensa solo en clave catalana posiblemente contribuya a la repetición de un gobierno con planes rupturistas. ¿A quiénes propondrá un pacto transversal? ¿A los ‘comunes’ de Podemos, que ante un posible empate técnico se decantarían a favor de los independentistas? En estos días tendrán que ir despejando incógnitas. Pero da la impresión de que el voto más movilizado pivotará en torno a ERC y Ciudadanos, que son los que mantendrán el pulso. Los demás tendrán que decidir en qué lado se ubican.

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