El Parlament legitimará mañana a Puigdemont para allanar su renuncia

El presidente del Parlament, Roger Torrent, coincidió ayer con la dirigente del PDeCAT Marta Pascal en el Mobile World Congress./EFE
El presidente del Parlament, Roger Torrent, coincidió ayer con la dirigente del PDeCAT Marta Pascal en el Mobile World Congress. / EFE

Esquerra pretende anunciar el acuerdo para la investidura de Jordi Sànchez antes del pleno

CRISTIAN REINO

ERC ofreció ayer un gesto de buena voluntad para culminar las negociaciones de la investidura. Los republicanos hicieron de tripas corazón, después de la indignación con que recibieron la pasada semana la decisión de Junts per Catalunya de registrar por su cuenta la propuesta de resolución para legitimar a Carles Puigdemont en el Parlament, se tragaron las críticas y anunciaron que votarán a favor de la declaración simbólica, sin ni siquiera presentar enmiendas. En definitiva, Esquerra asume al cien por cien el texto de sus socios en aras de allanar la negociación para formar Gobierno.

En el partido que lidera Oriol Junqueras apuntan que lo ideal sería llegar al pleno de mañana, en el que se votará la restitución simbólica del expresidente de la Generalitat, habiendo firmado ya al menos un principio de acuerdo. Si no es posible, el objetivo se traslada a la semana que viene, aunque el pacto está casi cerrado. «Esperamos que pronto pueda haber un gobierno efectivo en nuestro país y que desterremos el 155 de nuestras instituciones», afirmó el presidente de la Cámara autonómica, Roger Torrent.

Sin embargo, la CUP, siempre el ‘pepito grillo’ de las negociaciones, rebajó la euforia y aseguró que el acuerdo está aún «lejos o muy lejos». Los anticapitalistas, imprescindibles para apuntalar la mayoría absoluta, dejaron claro que no se pronunciarán hasta saber la opinión de su consejo político, que se reúne este sábado. El cónclave antisistema tendrá sobre la mesa el acuerdo que han traslado JxCat y Esquerra, pero que no agrada a la CUP porque rezuma, a su juicio, «autonomismo» y pocas ganas de «materializar la república».

Los republicanos reconocieron ayer flecos pendientes para un pacto de legislatura en tres ámbitos: el consejo de la república presidido por Carles Puigdemont desde Bruselas, la investidura real en el Parlament, y la apertura de un proceso constituyente, el nuevo mantra del independentismo.

El exlíder de la ANC sólo podría ser investido si el juez Llarena le permite salir de la cárcel

Para la investidura, Esquerra no quiere hablar aún de nombres, pero desde hace días se da casi por hecho que el candidato será Jordi Sànchez, expresidente de la ANC, ‘número dos’ de JxCat en las elecciones del 21-D y en prisión desde hace más de cuatro meses. Su elección, sin embargo, no está asegurada ni mucho menos, ya que depende del juez del Supremo Pablo Llarena, que tiene en su mano otorgar el permiso para que acuda a la investidura. Si no se lo concede no podrá ser candidato, porque la investidura es presencial. Los antecedentes hacen pensar que Llarena no autorizará su salida de la cárcel, como no la permitió para participar en la constitución del Parlament en enero.

Acto en Bruselas

Además, la candidatura de Sànchez no se activará hasta que Puigdemont renuncie, y para que eso pase aún tienen que celebrarse dos actos de restitución simbólica del expresidente. El primero será mañana, cuando el Parlamento autonómico «ratificará la confianza» en Puigdemont como «presidente de la Generalitat» con los votos de JxCat, ERC y la CUP y exigirá que «cesen las injerencias del Gobierno del Estado ante las instancias jurisdiccionales y el Tribunal Constitucional».

El PSC lo ve como «un premio de consolación pobre y pequeño»

El papel que han pactado Esquerra y Junts per Catalunya para Carles Puigdemont es «un premio de consolación pobre y pequeño», a juicio del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC). El prófugo de Waterloo aspiraba a ser el presidente efectivo de la Generalitat desde Bélgica, y de no ser así, a tener al menos una función ejecutiva con capacidad de decisión. No parece que vaya a conseguir ni lo uno ni lo otro, y se tendrá que conformar con el carácter simbólico que rechazó en un primer momento, aunque esté revestido del reconocimiento como presidente legítimo de la república catalana que aprobará mañana el Parlament.

La propuesta de resolución «denunciará» la destitución «ilegal» e «ilegítima» del president y de su Gobierno y «proclamará» la «voluntad» y el «compromiso de restaurar la institución de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña». «Manifestamos el rechazo más absoluto al 155» y «denunciamos la deriva autoritaria de España», dice el texto, que no va más allá de una declaración simbólica y no es tan incendiario como otros aprobados por el secesionismo. De hecho, ninguna de las formaciones constitucionalistas prevé impugnarlo al Constitucional. El pleno debatirá también resoluciones del PSC, Ciudadanos y los comunes que buscan desbloquear la legislatura.

El independentismo trabaja en un segundo acto simbólico de legitimación de Puigdemont que se realizará en Bruselas, quizás el domingo. Consistiría en la constitución del consejo de la república, un ente que podría ser costeado con fondos privados a través de una fundación, y la elección -mediante votación de los diputados secesionistas- de Puigdemont al frente de esta especie de Generalitat simbólica en el exilio y desde la que pilotará la internacionalización de la causa soberanista.

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