el paraguas laboral del PNV

A diferencia de la testigo de cargo, los principales nombres del 'caso De Miguel' no han tenido problemas de trabajo

De Miguel, a la salida del Palacio de Justicia de Vitoria./Iosu Onandia
De Miguel, a la salida del Palacio de Justicia de Vitoria. / Iosu Onandia
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Sábado 22 de enero de 2011. Han transcurrido nueve meses del estallido del principal escándalo de corrupción descubierto en Euskadi, el denominado 'caso De Miguel'.

El diputado foral, 'número dos' del PNV alavés y candidato a sustituir a Iñaki Genenabarrena al frente de la ejecutiva regional, Alfredo De Miguel, accede a entregar su carné de militante junto a los otros presuntos cabecillas de la trama (Aitor Tellería y Koldo Otxandiano), como les venía exigiendo el entonces presidente del EBB, hoy lehendakari, Iñigo Urkullu.

La decisión tenía su trastienda. De Miguel sólo daba su brazo a torcer tras entrevistarse con el líder del sector soberanista del PNV y presidente del GBB, Joseba Egibar, con quien se alinea políticamente. Luego se vería con el presidente del ABB, su gran amigo Iñaki Gerenabarrena, y transmitía la decisión a los medios de comunicación.

Su misiva a la Prensa no tenía desperdicio. El líder de la presunta trama corrupta, que estos días se sienta en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Vitoria, espetaba a su partido que ellos ya habían hecho «lo que nos pedíais», entregar el carné del PNV. «Ahora os toca a vosotros demostrar que no nos dejais solos», lanzaban desafiantes 'Txitxo' y los suyos.

Siete años después desconozco la opinión de los encausados. Personalmente tengo la impresión de que el partido no ha hecho precisamente oídos sordos a su petición. Ni política ni laboralmente.

Cuando estalló el caso, Urkullu tildó los hechos de «chapuceros, asquerosos e indecentes». Desde entonces el grueso de los esfuerzos del PNV ha ido dirigido a defender a los imputados y a criticar al fiscal jefe de Álava, Iosu Izaguirre, por hacer su trabajo: desentrañar la madeja, no siempre con la debida colaboración institucional.

Ainhoa Alberdi, la abogada bilbaína que destapó el escándalo al denunciar a la trama de De Miguel por exigirle una 'mordida' de 100.000 euros a cambio de adjudicarle a dedo un trabajo en el Parque Tecnológico de Álava, testificaba hace unos días que su valentía ha tenido consecuencias muy negativas para su vida profesional. No es el caso de De Miguel, ni de Otxandiano ni de Gerenabarrena.

HAZI, una fundación del Gobierno vasco para el desarrollo rural, litoral y alimentario, fruto de la fusión de tres empresas públicas, paga hoy las nóminas de De Miguel y Gerenabarrena, como las de otros muchos conocidos peneuvistas. El Parque Tecnológico de Zamudio, la de Otxandiano.

De Miguel logró en su día plaza de programador informático en IKT, una de las empresas que luego dieron lugar a HAZI, nadie parece recordar hoy cómo. En 2001 pidió la excedencia cuando el PNV le colocó como gerente de un industrialdea. Puesto que también dejaría para dedicarse sólo a la política, también con excedencia.

Tras estallar el escándalo, De Miguel intentó volver a este empleo. Sin éxito, aunque percibió una jugosa indemnización. IKT (HAZI) sí le readmitió y allí presta hoy sus servicios, tras prolongadas bajas, al igual que su exjefe y amigo Gerenabarrena.

Otxandiano, con un currículo lleno de cargos públicos dependientes del PNV, trabaja hoy en el Parque de Zamudio. Tanto él como los responsables peneuvistas del complejo se negaron a detallar cómo, cuándo y para qué fue contratado.

Curiosidades del 'caso'.

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