El papel de Esquerra

ERC aguarda, sin decirlo, que Puigdemont afloje la mano y permita otro candidato limpio de causas judiciales

El papel de Esquerra
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

El tono conciliador que empleó el nuevo presidente del Parlament, Roger Torrent, combinado con sus referencias a su antecesora en el cargo ha desplegado todo tipo de reacciones. Las de quienes agradecieron las formas y las de quienes mostraron sus reservas ante el temor de que nos encontremos ante la segunda parte de la pasada legislatura. Y como la política catalana se ha convertido en una constante improvisación por parte del bloque independentista desde que Puigdemont declaró la república un viernes y huyó de ella un lunes, los acontecimientos se van midiendo a cuenta gotas. El de ayer fue muy importante. El Parlamento, al fin, comenzó su andadura. Pero como se ignora si su nuevo presidente rechazará que Puigdemont sea investido telemáticamente, tal como han aconsejado los letrados, la oposición ayer se atenía a su discurso para intentar hilvanar posibles conjeturas.

Y el presidente de la Cámara, ‘pata negra’ de ERC, dijo que va a respetar el derecho de expresión «de los que están y los que no». Un mensaje dirigido a los ocho diputados ausentes (tres en prisión provisional y cinco fugados en Bruselas) y también a los presentes en los escaños, los independentistas , los constitucionalistas y los comunes de Podemos que ni ellos saben dónde pueden quedar enmarcados.

Su discurso fue interpretado como ‘legalista’ y de buen tono por los más benévolos y como ‘poco imparcial’ por los más escarmentados por el ‘procés’, influenciados, quizás, por el conocimiento de la trayectoria de Torrent. Porque el nuevo presidente, en efecto, tiene un pasado. Es cierto que no resultó incendiario y supremacista como el mitin del veterano Ernest Maragall -«este país siempre será nuestro»- y que no mencionó la república fantasma. Ni se acordó del referéndum ilegal del 1 de octubre. Y que la presencia de la bandera de España junto a la ‘senyera’ presidiendo el pleno daba una imagen de cierta restitución de la normalidad.

Pero lo que resultaba sorprendente de su discurso fue que prometiera consenso mientras reivindicaba la figura de su antecesora en el cargo. ¿ Cómo se puede ensalzar a Carme Forcadell cuya trayectoria sectaria pasará a los anales de la Historia?

Destacaba Torrent que en el Parlamento «se tiene que poder hablar de todo». Suena bien. Pero esa no fue la tónica de la pasada legislatura como han terminado por reconocer hasta los comunes de Podemos, cuyo representante Xavier Domènech dejó ayer a todo el mundo boquiabierto con esa consideración. Curiosa reconversión la de este grupo que, cuando tuvo la oportunidad, no lo denunció y quienes lo hicieron, dos notables excepciones como Coscubiela y Rabell, quedaron ‘aparcados’ de la alineación política.

La nueva Mesa (una mujer de siete miembros) sigue teniendo mayoría independentista. Su papel es clave para regular y controlar los debates. Hasta el punto de poder retorcerlos y manipularlos como hizo Forcadell. También es decisivo el papel de ERC. Compite con los neoconvergentes pero los dos se necesitan. Los republicanos están hablando de equilibrios y de ‘realismo’. Están todos pendientes de ellos. ¿Seguirán las advertencias de los letrados con la investidura telemática que pretende Puigdemont? Ellos aguardan, sin decirlo públicamente, que el prófugo de Flandes afloje la mano y permita que otro candidato, limpio de expediente judicial, tome las riendas y empiece ya la normalidad de las instituciones catalanas. De una vez por todas.

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