Las palabras quedan

Las palabras quedan
MANUEL ALCÁNTARA

Una vez pronunciadas o bramadas, las palabras se siguen oyendo. Son como esos cautelosos caracoles de cementerio, que dicen que son los mejores del mundo porque llevaron una vida arrastrada hasta llegar a los fogones. ¿Cómo podemos olvidar que los nacionalistas catalanes nos llamaron a los demás españoles «hienas carroñeras», entre otros piropos? Los sembradores de odio no se olvidan de seguir regando lo que plantaron, pero la mayor preocupación de Torra y de su fugitivo jefe Puigdemont es controlar las cuentas. Mientras, el Gobierno y el PSOE pactan un artículo 155 todavía más duro, pero cuidado que no se rompa por exceso de rigidez. Rajoy acepta hablar con Torra, aunque este diga que su legítimo interlocutor es el prófugo Puigdemont. Entre todos mataron al 'seny' y el sólo se murió de asco. ¿Cómo se activa por segunda vez el artículo 155? Los resucitados textos de Torra debieran ser divulgados para que en toda Europa supieran lo que en verdad pretende el nacionalismo, es dejarnos sin patria, a fuerza de divulgar mentiras completas disfrazadas de verdades parciales.

Hace dos días que murió Tom Wolfe, considerado el padre del llamado 'nuevo periodismo', pero no era mejor que nuestro Paco Umbral. Lo único que ocurría es que era norteamericano y en vez de un tirachinas tenía un cañón de largo alcance. Ahora que la bonanza económica está favoreciendo a España es cuando más se habla de desigualdad y de temporalidad en el trabajo. Estamos saliendo de la crisis, dicho en términos generales, y esto nos hace olvidar que muchos millones de españoles se quedan dentro porque no encuentran la puerta de salida. Rajoy acepta hablar con Torra, pero este dice que su interlocutor legítimo es el fugado Puigdemont, que sigue mandando a distancia. Mientras, el separatismo crece. Ya no cabe nadie más.

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