Ortuzar, el Cid y el estatuto

El espíritu dialogante del PNV no logrará que prospere su proyecto estatutario actual por exceder el marco legal vigente

Ortuzar, el Cid y el estatuto
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El PNV está seriamente preocupado por el momento político que se vive en España ahora que las conversaciones para que Euskadi se dote de un nuevo Estatuto que sustituya al de Gernika entran en su fase decisiva. Y razones no le faltan.

Hace meses que las encuestas anuncian un crecimiento sostenido de Ciudadanos a costa del PP que no ha dejado indiferente a Rajoy y a los suyos. Consecuencia: los populares han emprendido un viraje hacia posiciones más conservadoras para intentar frenar la sangría de apoyos.

La trascendencia de estos movimientos para el País Vasco es, como decía, evidente. El proyecto de Estatuto que apruebe el Parlamento de Vitoria, si aprueba alguno, debe ser ratificado por el Congreso antes de someterlo a referéndum y que entre en vigor.

Andoni Ortuzar, presidente del Euskadi buru batzar, el máximo órgano de dirección del PNV, se quejaba ayer amargamente de que en Madrid está «resucitando el espíritu del Cid Campeador». «Hay un nacionalismo español rampante que lo está contaminando todo», dijo. «Gran parte de la clase política y periodística madrileña están desquiciados. Espero que cuando lleguemos aquí a un acuerdo podamos ir a Madrid en otro clima de mayor sosiego y racionalidad», enfatizó.

Ortuzar no se quedó ahí. El líder jeltzale tuvo exquisito cuidado en volver a exhibir el talante dialogante del PNV, su disposición a seguir contribuyendo a la estabilidad política en España. Siempre, claro, que C’s no rompa definitivamente con los conservadores y ello aboque a otras elecciones generales.

Tiene razón el líder jeltzale en que la comprensión, tanto política como social, hacia las demandas de los nacionalismos periféricos ha menguado en los últimos tiempos. Pero haría bien en admitir que el responsable es, sobre todo, el nacionalismo catalán, su desafío rupturista. Y que el nacionalismo español es tan respetable como el vasco o el andaluz. Siempre, claro, que no se falte a la verdad como ayer hizo Albert Rivera al decir que el PNV está pidiendo un referéndum secesionista.

El PNV no ha pedido eso. Los jeltzales han hecho un esfuerzo de moderación al elevar a la ponencia de Autogobierno un documento que no es el plan Ibarretxe, ni siquiera el que llevaron a las elecciones autonómicas vascas de hace año y medio.

Albert Rivera faltaa la verdad al decir que el PNV ha pedido un referéndum separatista

Aun así, la tabla reivindicativa del partido de Ortuzar y del lehendakari Urkullu no cabe en el actual marco legal español. No cabe el derecho a decidir, ni la confederalidad, ni pretender que se reconozca a Euskadi como un sujeto político situado en pie de igualdad con el Estado español. En algún caso haría falta una reforma de la Constitución de 1978, que cada día parece más improbable, al menos en el corto y medio plazo. En otros ni aún así.

Los jeltzales deben elegir. O dejan de lado el derecho a decidir y demás imposibles, y vuelcan sus esfuerzos en consolidar, blindar e incluso incrementar el actual marco competencial, o mucho me temo que estaremos abocados al fracaso. Con espíritu dialogante con Rajoy o sin él.

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