Normalizar sí, pero ¿qué?

Normalizar sí, pero ¿qué?
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Hace tiempo que Arnaldo Otegi, y lo que él representa, han dejado de condicionar la vida política, social y económica de este país. Lo cual ha sido una gran ayuda para recobrar la paz, la tranquilidad y el bienestar que tanto alteraron a lo largo de las décadas de plomo que nos impusieron. Ayer mantuvo una reunión en Confebask que, haciendo una interpretación bondadosa, podemos calificar de avance hacia una completa normalización.

Pero hay algo que me chirría. Arnaldo Otegi fue condenado a seis años de prisión no por defender sus ideas, que las sigue defendiendo sin traba alguna, sino por participar en el secuestro de un alto directivo empresarial alavés. ¿Se ha arrepentido públicamente de ello? ¿Ha reconocido el daño injustamente causado? ¿O es que considera el secuestro como un instrumento «normal» de actuación en una sociedad que pretende «normalizar»?

El pasado fin de semana conocimos los resultados de un estudio elaborado por diversos autores conocedores de la materia en el que se cuantifica en unos 25.000 millones de euros el impacto económico negativo de la actuación de ETA. ¿Se ha arrepentido de ello? ¿Ha reconocido el daño injustamente causado por los asesinatos, secuestros, extorsiones y estragos provocados? ¿O es que considera que todos ellos son signos de normalidad en un país que ahora pretende «normalizar»?.

La cifra final del estudio podrá ser discutible. Los daños emergentes se pueden calcular con cierta precisión, pero el lucro cesante es imposible de estimar con acierto. Además, este estudio económico es solo un complemento de todas las miles de páginas escritas antes sobre el tema principal que son las vidas perdidas. ¿Cuánto valen? ¿Cómo compensar a quienes tuvieron que irse, a quienes perdieron sus empresas, a quienes sufrieron la extorsión y el escarnio social? ¿Va a responder Arnaldo Otegi de los miles de puestos de trabajo perdidos y de los miles de millones de inversiones huidas para evitar sus famosas ‘ekintzas’? ¿Cómo los piensa reponer? ¿Ha dicho, al menos, que lo lamenta, que todo fue una trágica equivocación?

Arnaldo Otegi tiene el respaldo de los votos que sustentan a su partido en el Parlamento vasco, que son muchos, lo que le permite estar presente en la vida política de este país a quien tanto atribuló. Pero carece de la autoridad moral necesaria para presentarse en la sede de la patronal vasca como un hombre de paz y de futuro, si no arregla antes sus deudas con el pasado. Con el apoyo de bastantes y ante la indiferencia de muchos, en este país han pasado cosas terribles. Exactamente, ¿para conseguir qué? Que una generación de jóvenes vascos hayan perdido su juventud en la cárcel o, peor aún, su vida y que una generación de policías, empresarios, periodistas y de cualquier otra profesión hayan perdido sus vidas y sus haciendas.

¿Qué ofrece a la patronal el señor Otegi? Supongo que habrá sido claro en lo que exige, pero ¿qué fórmula tiene para mejorar el tejido industrial, qué modelo de sociedad nos propone, cómo pretende mejorar nuestra competitividad, nuestras exportaciones, nuestros ingresos fiscales, nuestro Estado del Bienestar en suma? El estudio mencionado le concede a su mundo una gran autoridad en la destrucción de empleos, ¿la tiene también en su creación? ¿Se le conoce algún mérito en esta materia?

Al presidente de la patronal le imagino incómodo con la visita y habrá recibido presiones para dar y evitar este paso. Me resulta sintomático que no le acompañase ningún otro empresario y se rodease exclusivamente de sus empleados. Aunque lo dudo, espero que haya servido de algo. Para avanzar, no es imprescindible olvidar. Ni siquiera es conveniente.

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