Negros augurios

El futuro de Cataluña está por escribir, pero la elección de Torra por el 'dedazo' de Puigdemont augura más conflicto

Negros augurios
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Cataluña recuperará una cierta normalidad institucional en pocos días, si los amigos catalanes de la izquierda abertzale, las CUP (Candidaturas de Unidad Popular), no lo impiden. La suspensión de su autogobierno llegará a su término tan pronto como tome posesión el nuevo Govern. El PNV podrá respirar tranquilo ya que no tendrá que replantearse su acuerdo presupuestario con Rajoy. Y el presidente español y el PP verán expedito el camino para agotar la legislatura pese a tanto sobresalto, a tanto conmilitón corrupto, a tan insultante falta de proyecto y a la mediática presión de los Ciudadanos de Albert Rivera.

Estos son los principales hitos positivos que comporta la designación por el 'dedazo' de Carles Puigdemont del radical Quim Torra como candidato independentista a convertirse en el próximo jefe del Ejecutivo catalán. Iba a escribir en el 131 president de la Generalitat, pero no sé si debo situar a Torra en ese punto de la historia o si por el contrario debiera considerarle como el primer 'president provisional' de la Generalitat, porque con semejante limitación ha sido seleccionado por quien igualmente apareció en escena como un recurso de urgencia del expresident Artur Mas y de la desaparecida CiU y ha derivado en ambicioso aspirante a mesías del secesionismo catalán.

Los antecedentes del personaje son cualquier cosa menos esperanzadores, por mucho que Torra se disculpara ayer de sus faltas vía tuit de hace unos pocos años. Quien el lunes se convertirá previsiblemente en el nuevo inquilino del Palau -ocupe o no el despacho de los presidents- no quiso ser tan explícito de confirmar que su propósito es desobedecer las reglas y las leyes del Estado democrático. Pero sí avanzó que impulsará un proceso constituyente a partir de los resultados del referéndum ilegal del 1 de octubre, que sólo obedecerá al Parlament y que su primera decisión será crear un comisionado para que investigue las consecuencias de la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña, amén de colocar un gran lazo amarillo en la fachada de la Generalitat.

Negros, muy negros augurios, sí. Pero nada más que eso, augurios. Porque Puigdemont hubiera querido ir a unas nuevas elecciones para convertirse en líder único del independentismo catalán y ni ERC ni el PDeCAT se lo han permitido. Porque Torra será president pero de un Govern en el que junto a los suyos, a Junts per Catalunya (JxC), estarán los republicanos, que parecen tener la firme intención de renunciar a insistir en la vía unilateral de ruptura con España y apuestan claramente, o eso vienen sugiriendo en sus manifestaciones, por algo muy muy parecido a una rectificación.

No, Cataluña no emprende el camino de la transversalidad y del reencuentro que hubieran sido deseables. Todo apunta a que se encamina a nuevos encontronazos con el Estado desde dentro (con Torra) y desde fuera (con Puigdemont). En este contexto parece improbable que la disposición al dialogo con el único límite de la ley esbozada por Rajoy, por exigencia del PNV, vaya a reconducir el grave problema. Parece. Pero demos tiempo al tiempo.

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