La 'ola naranja' que inquieta al PNV

La explosión de Ciudadanos en Cataluña a costa del PP es una pésima noticia para el nacionalismo

La 'ola naranja' que inquieta al PNV
MANUEL ARROYO

Los resultados de las elecciones catalanas tienen un sabor agridulce para el PNV. El Parlamento tendrá mayoría nacionalista; mejor dicho, independentista. Algo que no puede molestar a los jeltzales. Aunque seguramente, puestos a elegir, habrían preferido un mapa político similar, pero que desembocara en un Gobierno transversal. En todo caso, sus correligionarios seguirán al frente de aquella comunidad y el PP ha cosechado un estrepitoso fracaso que puede explicarse como un varapalo al denostado 155. Por ahí, todo bien.

Pero su alegría es matizada: la holgada victoria del secesionismo puede dar alas de nuevo a un intento de ruptura unilateral y al margen de los cauces legales, lo que ya se sabe qué consecuencias tiene. Salvo a Joseba Egibar y los suyos, esa hipótesis genera en Sabin Etxea un entusiasmo perfectamente descriptible. Por escaso, claro. Máxime cuando las urnas acaban de demostrar la división en dos de la sociedad y que, si el 21-D se toma como un plebiscito -así quisieron presentarlo en la campaña Carles Puigdemont y ERC-, más de la mitad de los catalanes mantiene un 'no' rotundo a la independencia.

Los comicios del pasado jueves también han traído un motivo de profunda preocupación para el PNV: el arrollador triunfo de Ciudadanos. La 'bicha' para el nacionalismo vasco. Su espectacular crecimiento a costa del PP no es extensible, con la misma intensidad, al resto de España. Es cierto. Pero basta con que la 'ola naranja' alcance en otras comunidades solo una pequeña parte del avance que ha registrado en Cataluña para que se altere sustancialmente el ecosistema actual en el centro-derecha y el arco político español sufra un pequeño tsunami. Y eso supone una mala noticia para los jeltzales, tan cómodos con el presente 'statu quo' que tantas ventajas les aporta.

Ciudadanos, no lo olvidemos, es el único partido de ámbito nacional que pone en entredicho el Concierto Económico. El primero que ha votado en contra de su actualización -lo hizo hace apenas un mes- y del Cupo. La punta de lanza de la reciente campaña contra el sistema vasco de financiación, un pilar básico del autogobierno. Una campaña cuyos argumentos demagógicos y medias verdades prendieron incluso en algunos barones autonómicos del PP y del PSOE. Y una formación política que, en una eventual reforma de la Constitución, apostaría sin complejos por una recentralización del Estado que pusiera coto a las aspiraciones de los más autonomistas. Y también por suprimir la disposición adicional que reconoce los derechos históricos y que, de esa forma, ampara el Concierto. La misma disposición adicional a la que se aferra el PNV para justificar el supuesto anclaje legal del derecho a decidir y de la bilateralidad que reclama para Euskadi en su relación con el Estado.

Para el PNV, por tanto, el fortalecimiento de Ciudadanos y su hipotética conversión en el principal referente del centro-derecha español, en detrimento del PP, sería un verdadero quebradero de cabeza. Una pesadilla. Un cambio con aires de relevo generacional en ese lado del tablero político, como el que apuntan las autonómicas catalanas, en nada favorecería sus intereses. En eso, en Sabin Etxea son conservadores: mejor dejar las cosas como están.

Lo que le conviene es un panorama como el de los últimos meses: un Gobierno central en minoría necesitado de su apoyo y con un presidente previsible al que, más o menos, ya tiene cogida la medida. Para bien y para mal. Por eso, como a Rajoy, no le interesan unas elecciones anticipadas. No vaya a ser que a La Moncloa llegue Albert Rivera. O Pedro Sánchez, del que tampoco se fía en exceso. Por eso el espectacular triunfo de Ciudadanos el 21-D y el histórico desplome del PP le preocupan tanto. Tanto como a Rajoy. Bueno, casi.

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