Miguel Blesa, el banquero del PP... y Aznar

Aznar (i) y Blesa. / Efe

Se aupó hasta la jefatura de Caja Madrid bajo el padrinazgo del entonces presidente del Gobierno y líder del PP. Aguirre anticipó su caída

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

El principal mérito de Miguel Blesa para resultar designado presidente de Caja Madrid fue haber sido compañero de oposición del que luego sería lider del PP e incluso presidente del Gobierno, José María Aznar. Al menos, no se observan muchas más cualidades profesionales en su curriculum, a priori, para que en 1996 lograra auparse a la presidencia de la que era segunda entidad de ahorros del país.

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Licenciado en Derecho de formación e inspector de Hacienda de cualificación, Blesa entró en el consejo de administración de la caja en 1993 gracias a la influencia del PP -entonces dirigía la comunidad Joaquín Leguina, y la mayor cuota de poder correspondía al PSOE-. Ya con Alberto Ruiz-Gallardón en la Puerta del Sol y Aznar en La Moncloa, fue nombrado presidente, puesto en el que permaneció hasta enero de 2010 y que le permitió ser consejero de sus participadas, por ejemplo, vicepresidente de Iberia.

Su salida, sin embargo, no fue fruto de los barros contables en Caja Madrid convertidos luego en lodos que han terminado por arrastrarle, sino de una feroz batalla política interna en el PP, tras la consolidación de Esperanza Aguirre como líder madrileña y cabeza visible de la facción más conservadora del PP. Así, en septiembre de 2008 intentó forzar la salida de Blesa con un cambio en los estatutos de la entidad para colocar al frente de ella a su entonces delfín y entonces presidente regional, Ignacio González (hoy en la cárcel). La contienda -más pública que soterrada- entre comunidad y ayuntamiento provocó incluso la intervención del que ya era nuevo jefe del PP, Mariano Rajoy.

Blesa, después consejero de empresas menores, se despidió del cargo tratando de engordar los beneficios de la entidad en 2009, aunque el consejo de la caja le obligó a reducirlos a la mitad (265 millones) para afrontar "saneamientos ineludibles". Su ritmo de vida cambió entonces, tras dejar atrás el BMW blindado.

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