La campaña desde: un mitin de Ciudadanos

«El miedo de la Cataluña silenciosa ha terminado»

«Puigdemont ha hecho algo bien, hay que agradecerle que haya logrado despertarnos», se felicitan en el partido naranja./VICENS GIMÉNEZ
«Puigdemont ha hecho algo bien, hay que agradecerle que haya logrado despertarnos», se felicitan en el partido naranja. / VICENS GIMÉNEZ

Los militantes de Ciudadanos viven en un estado de euforia convencidos de que ha llegado la hora del «cambio»

DAVID GUADILLA

Si alguien no tiene muy claro lo que significan la euforia y el optimismo se puede pasar por un acto de Ciudadanos en Cataluña y se lo explican. Las encuestas sitúan a la formación naranja tocando las puertas del cielo y algunos de sus militantes caminan ya por las nubes convencidos de que están a punto de vivir un momento histórico. Como Fran. «Es que está siendo una pasada. La acogida es impresionante. A Puigdemont hay que reconocerle que ha hecho una cosa bien. Ha logrado despertarnos. El miedo de la Cataluña silenciosa se ha acabado», zanja de forma concluyente en un encuentro que el partido de Inés Arrimadas celebra en el centro de Barcelona.

A Ciudadanos parece que nada le puede parar. Al menos en Cataluña. La formación que nació para denunciar la política de inmersión lingüística y que copó titulares con un cartel de un desnudo Albert Rivera tiene opciones reales de ganar las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. Cómo se convierte un partido residual en alternativa de gobierno depende de muchos factores, pero sin duda uno es la organización. Ciudadanos funciona como una máquina perfectamente engrasada. Todo está controlado. Sus cargos, ya sean públicos o internos, deben pedir autorización para hablar, al menos en campaña. Da igual que sea un diputado que un concejal de un pueblo diminuto. Así que la voz de Ciudadanos es la de sus militantes. Personas que sueñan con un cambio radical en Cataluña. Como Antonio López, que reparte propaganda por Tarragona y apoya en todo lo que puede para que este sueño se haga realidad. «Hay mucha tensión. Estamos divididos. La verdad es que veo el futuro muy complicado». Por eso desea un Gobierno «firme», que haga frente al desafío soberanista y ayude a que «España siga unida».

Ciudadanos ha sabido atraer a un perfil de votante muy concreto. Al que ya no aguantaba más una Cataluña gobernada por los nacionalistas. Y a partir de ahí, las procedencias son diversas: desencantados con el PSC, con el PP, catalanes que nunca se habían planteado ir a votar… Antonio, por ejemplo, procede de las filas populares. «Pero nunca estuve afiliado, ¡eh!», puntualiza mientras reparte banderas de España -«hay que defenderla»-. El giro se produjo porque, básicamente, Mariano Rajoy y Xabier García Albiol le parecen demasiado blandos. «Ciudadanos tiene un mayor empuje. El Gobierno tuvo miedo a aplicar el 155 y era lo que había que haber hecho desde el principio». «Ha habido una salida del armario políticamente hablando por parte de mucha gente. No nos atrevíamos a decir nada, pero ahora todo ha cambiado», explica.

Los datos

2006
es el año de fundación de Ciudadanos en Cataluña con Albert Rivera como líder.
3
escaños obtuvo en las elecciones autonómicas de aquel año. Una década después las encuestas hablan de que puede ser primera fuerza con cerca de 30 escaños
Miedo al que dirán
Algunos simpatizantes abandonan los mítines sin propaganda de C’s para evitar miradas.

Rosa Mota añade otra explicación. Quizás más sencilla. La formación liberal utilizó una de las máximas del mercado. La oferta y la demanda. Había gente que buscaba un producto y Rivera lo puso en circulación. «Muchos catalanes como yo no soportamos al nacionalismo, pero es que no teníamos alternativa. De los del PSC no me fío y el PP… No sé… Entre la corrupción y que son un poco antiguos… Pues al final te quedabas en casa y parecía que éramos cuatro gatos. Pues no. Ya verás. Inés, presidenta», afirma esta simpatizante barcelonesa a la puerta de la enorme carpa que el partido ha situado en pleno centro de la ciudad. La instalación y lo que se mueve alrededor demuestra lo que es Ciudadanos y lo que representa. Pantallas gigantes que emiten en bucle la imagen de Arrimadas. Un naranja apabullante e iluminado que aparece como un faro a escasos 300 metros de la plaza Catalunya. Ciudadanos no se esconde.

La candidata a la Generalitat se ha convertido en un símbolo. Sobre ella se sitúan los focos. Idolatrada por sus seguidores, envidiada por los del PP y odiada de forma visceral por muchos nacionalistas -no muy lejos de allí, una joven pareja que pasea con su hijo arranca uno de sus carteles con toda naturalidad-, Arrimadas llega a los actos del partido como una estrella del rock al grito de «presidenta, presidenta». «Vamos a cruzar los dedos, pero creo que vamos a hacer historia», recalca Rosa. De la carpa surgen Rosario y Ángela. Salen convencidas. En realidad, al entrar ya lo estaban. Pero su discurso se aleja del optimismo de otros militantes. «Es que han sido meses muy duros. Y con una presión horrorosa en el trabajo, en la familia, en grupos de Whatsapp. Lo hemos pasado muy mal», afirma Rosario, que define a los nacionalistas como «a una secta».

Su mensaje es más sombrío. No ve una solución a corto plazo. «Tengo mucho miedo. La fractura social no se va a cerrar, y como ellos ganen vamos a tener otra vez el lío montado. ¡Pero si es que la gente está evitando ir a las cenas de Navidad!», afirma en tono apocalíptico. Gran parte de sus recelos provienen de su convencimiento de que los nacionalistas tienen un plan prefijado. Como el 1 de octubre. «Estaba todo muy preparado para que interviniese la Policía. Querían que se aplicase el 155». Así que su horizonte no es halagüeño. «Tengo auténtico pánico», afirma Rosario, que en un reflejo del estado emocional en el que vive parte de Cataluña prefiere no dar su apellido. Tampoco lo hace Diego, que también sale de la carpa con propaganda. «Es la formación que mejor puede representar los valores constitucionales y hacer frente al separatismo. Además, no está lastrado por los problemas de corrupción». En este caladero pesca Ciudadanos. «Supone un aire nuevo. Lo que me venden, me vale», zanja Rosario.

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