Mentiras y elecciones

Los ciudadanos castigan las promesas incumplidas siempre que crean que tienen una alternativa mejor

Mentiras y elecciones
AFP
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Para mí, inhabilitadas políticamente deberían estar todas las personas que han engañado a los ciudadanos de Cataluña». Palabras del presidente Mariano Rajoy en una entrevista sobre el conflicto político que se vive en Cataluña. Defiende un modelo ideal de democracia donde la mentira de un representante debería producir automáticamente el castigo electoral de sus representados. El comportamiento electoral, en la práctica, no funciona así. Los ciudadanos castigan las mentiras o las promesas incumplidas siempre que crean que tienen una alternativa mejor y cercana a su posicionamiento político. También el político mentiroso puede eludir el castigo electoral si encuentra alguna justificación razonable a su mentira. Y también sabemos que puede sobrevivir electoralmente si el tema donde se enmarcan sus mentiras no entra en los factores principales que activan el voto.

Cualquiera de estos argumentos sirve para explicar por qué Rajoy sigue en el poder después de que su nombre saliera en los papeles de Bárcenas como presunto receptor de sobresueldos, después de poner la mano en el fuego por los líderes populares de Madrid, Valencia y Baleares, después de tener a todos los tesoreros de su partido imputados... Después de tantas cosas, como diría el propio Rajoy. Así que el presidente del Gobierno no tiene que esperar que ocurra algo que no suele ocurrir en la mayoría de las elecciones. En el ánimo de los presuntamente engañados del ‘procés’ puede pesar más la estrategia del Gobierno español por abandonar a buena parte de la ciudadanía catalana, la que ganó las últimas elecciones autonómicas, en un callejón sin salida.

«No. El único plan que tenemos es velar por que el futuro Gobierno catalán cumpla con la ley». Esta es la respuesta que ha dado el presidente a la pregunta formulada por un diario alemán sobre si tenía algún plan que ofrecer a los ciudadanos catalanes si volvían a ganar los independentistas el 21 de diciembre. Este planteamiento todavía es más inquietante que supeditar la derrota de los partidos secesionistas a las mentiras que ocultaban la imposible viabilidad instantánea de la república catalana con la actual correlación de fuerzas.

Después de seis años de gobierno conviviendo con el conflicto catalán, sigue sin haber en la mesa del presidente español una alternativa política que sirva de punto de encuentro con los dos millones de catalanes que no consienten el actual ‘status quo’. En la mesa sigue estando solo la ley, la justicia y la represión. Desde los medios españoles se hace burla y escarnio de los cambios de posición que están experimentando en las últimas horas los líderes separatistas. Como si no quisiesen que cediesen en su maximalismo porque ello dejaría de alimentar ese nuevo nacionalismo español transversal que amenaza con cerrar durante muchos años no solo la alternancia al PP, sino la posibilidad de un encaje de las demandas nacionalistas tanto de Cataluña y Euskadi en un hipotético nuevo marco constitucional.

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