«Mariano, sé fuerte»

Para el PNV no es plato de gusto la moción de censura de Pedro Sánchez

Mariano Rajoy./EFE
Mariano Rajoy. / EFE
Manuel Arroyo
MANUEL ARROYO

Para el PNV no es plato de gusto la moción de censura de Pedro Sánchez. Al margen de lo que decida hacer con ella, le ha puesto en un brete. A los jeltzales les incomoda sobremanera que de ellos pueda depender que siga o no en La Moncloa un Mariano Rajoy achicharrado por la estela de la corrupción tras la demoledora sentencia de la 'trama Gürtel'. Pero, al menos, la iniciativa socialista ha servido para dejar en segundo plano su apoyo a los Presupuestos, una decisión por la que Sabin Etxea ha tenido que dar muchas explicaciones a sus bases. Tampoco es de extrañar. Sus cinco diputados hicieron todo lo contrario de lo que prometió el partido: con el 155 en Cataluña, ni siquiera se sentaría a hablar con el PP. El 155 sigue activo y no solo ha hablado, sino acordado y hasta votado las Cuentas.

Una flagrante rectificación, sí. Más que justificada. Aparte de la subida generalizada de las pensiones y de los 540 millones de inversión en Euskadi, el PNV presume de que con ella ha frenado una inminente llegada de Albert Rivera a La Moncloa, que tanto le quita el sueño. Eso habría sucedido, según su relato, si hubiese tumbado los Presupuestos, como a su juicio era en el fondo el deseo de Ciudadanos para que Rajoy se viera forzado a adelantar 'ipso facto' las elecciones.

El papel lo aguanta todo. Pero Rajoy es mucho Rajoy. Y Ciudadanos –para qué nos vamos a engañar– se caracteriza más por un incontenible veletismo que por la firmeza en sus posiciones. Si hubiese querido derribar las Cuentas, lo tenía en su mano: le habría bastado escudarse en cualquier excusa para no respaldarlas. Si no lo hizo fue porque pensó que le convenía más alargar la legislatura y, con ella, el desgaste del presidente. Eso creía el pasado miércoles. Al día siguiente, tras la aplastante sentencia que destapa las vergüenzas de la corrupción de los populares, opinaba justo lo contrario.

El fallo de la Audiencia Nacional ha quitado a Rajoy una buena parte del oxígeno que el PNV le insufló al aprobar sus Presupuestos. Dos años sin necesidad de adelantar las elecciones, mientras Ciudadanos aparece triunfal en esas encuestas que siembran tanto pánico en Sabin Etxea como en el PP. La estabilidad que aportaba ese acuerdo se ha esfumado. La moción de censura del PSOE, con la que Pedro Sánchez ha demostrado su ansia por tocar poder, ha acabado de poner patas arriba el mapa político.

La iniciativa ha vuelto a cuestionar que, entre las virtudes del líder socialista, la estrategia figure entre las más destacadas. Aunque, como en el fútbol, todo depende del resultado final. Su triunfo quizás dependa del PNV, que no tiene muy claro qué hacer. Sánchez no le entusiasma. Aún menos el Gobierno hiperdébil que formaría. Pero se le hace muy cuesta arriba aparecer de nuevo en solitario como el salvador de Rajoy en plena tormenta de Gürtel. Y le inquieta sobremanera el ruido de adelanto electoral. La generalizada sensación de que la legislatura no da más de sí. Y de que más pronto que tarde habrá que ir a las urnas. Todos sus esfuerzos para evitarlo en pleno ascenso de Ciudadanos pueden irse por la borda.

A los jeltzales siempre les quedará Rajoy. Si la moción de censura no lo evita, y por muy debilitado que esté, el presidente podrá poner otra vez a prueba sus dotes de superviviente nato. Aguantar es lo suyo. Echarle de La Moncloa no es tan fácil con o sin Presupuesto. Con o sin Gürtel. Con o sin apoyos. Ni forzarle a disolver las Cortes. Al margen de que eso sea lo que más interese o no a su partido y al país. La probada resistencia del presidente es la mejor aliada del interés del PNV en estirar la legislatura. Por eso, si supera la votación del viernes, no será necesario que ningún dirigente jeltzale le 'wasapee': «Mariano, sé fuerte».

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