Malos síntomas

Procesados como Ricardo Costa han detectado que el PP está perdiendo poder y que ya no les compensa proteger a sus antiguos jefes

Malos síntomas
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

El primer efecto negativo de la tormenta secesionista sobre la estabilidad del Gobierno de Rajoy ya ha hecho saltar la alarma con el reconocimiento del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, de que el bloqueo presupuestario se debe a razones políticas. Si los ‘socios presupuestarios’ del pasado ejercicio se muestran reticentes ahora para pactar los próximos se debe, sobre todo en el caso del PNV, a la situación de ingobernabilidad (provocada por Puigdemont) y a la aplicación del 155 que les pone en una incómoda situación frente a sus homólogos catalanes. Queda poco tiempo para apurar el plazo y al PP le está costando generar un clima de consenso.

La sensación de alivio reflejada en las encuestas en cuanto la aplicación de la Constitución permitió la celebración de las elecciones del 21-D con todas las garantías, ha dado un giro hacia el resquemor en los mismos interlocutores políticos que en el pasado ejercicio resultaron ser ‘socios presupuestarios’ de Rajoy cuando ya el polvorín catalán estaba provocando sus estragos.

El discurso del presidente sobre la buena marcha de la economía y la disminución del paro -en plena farsa catalana con un expresident huido- ya no cala como hace meses. Los resultados electorales del PP en Cataluña, que le han dejado como partido residual, deberían haber marcado un punto de inflexión en su proyecto político para la España de las autonomías, si es que lo tiene. Desde dentro de sus filas se oyen voces de preocupación que, sin embargo, luego no se alzaron en las reuniones oficiales. Rajoy aguanta mientras las vigas de su partido crujen.

El PP no debate sobre las consecuencias de la crisis catalana en su partido porque su líder no lo fomenta. ¿En qué se equivocaron para que el beneficiado de la aplicación del 155 fuera Ciudadanos y no el partido del Gobierno que tomó tan difícil decisión? Si el ‘procés’ consiguió que los constitucionalistas dejaran de ser la mayoría silenciosa para tomar voz y voto, ¿por qué las papeletas no fueron a parar al PP? ¿Cuándo empezarán a reconocer el fracaso de la ‘operación diálogo’ de Soraya Sáenz de Santamaría? Más allá de reglamentos, letrados y justicia ¿hay algún plan para Cataluña? Son preguntas que se lanzan al aire en cenáculos que no tienen nada que ver con las reuniones oficiales del partido.

La sensación de ausencia argumental que transmite el Ejecutivo de Rajoy, que pilota el Congreso en minoría, no le está beneficiando. La corrupción ya le ha pasado factura en las últimas citas electorales. Y las encuestas le siguen avisando de la fuga de votos hacia C’s. Rajoy permanece impasible. De hecho no le consta que hubo financiación ilegal en su partido. Unos cuantos aprovechados que ya están expulsados. Sin más. Pero la declaración de Ricardo Costa en la causa por la rama valenciana de ‘Gürtel’ diciendo que el PP de esa comunidad se financió con dinero negro por decisión de Camps y, tirando por elevación, que Bárcenas le dijo que se trataba de un «Filesa 2» es un dardo con mucha carga de profundidad. Los jueces determinarán si este ‘cante’ es auténtico. Pero, de entrada, el olfato de estos procesados ha detectado que su antiguo partido está perdiendo poder. Y que ya no les compensa proteger a sus antiguos jefes. Esta vía judicial no deja de ser otro sondeo de intención de voto.

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