Limitado y matizado

El Gobierno francés minimiza el alcance del acercamientode presos de ETAy niega haberlo negociado con nadie

Limitado y matizado
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

La mitad de la mitad de la mitad. Francia tiene previsto acercar a presos de ETA a las dos prisiones galas más cercanas a Euskadi -Mont de Marsan, en Las Landas, y Lannemezan, en Pirineos Atlánticos-. Pero será un paso limitado y matizado.

El Gobierno centrista de Enmanuel Macron sólo trasladará a aquellos terroristas presos que cumplan cinco requisitos. En concreto, que lo soliciten de forma individual, hayan tenido un buen comportamiento en la cárcel, les queden menos de tres años de condena, carezcan de delitos de sangre y no estén pendientes de extradición a España. Así se lo avanzó la representante del Ministerio de Justicia francés, la magistrada Hélène Davo, a la presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), Consuelo Ordóñez, en el encuentro que ambas mantuvieron ayer en París.

¿Y eso en qué se traduce? Pues en que de los 59 presos etarras que hay en la actualidad en el país vecino la medida apenas beneficiará a unos 17. El resto no cumple los requisitos, o son mujeres. Ni en Mont de Marsan ni en Lannemezan existe un módulo específico para presas.

El gabinete Macron tuvo exquisito cuidado en trasladar un mensaje político a Consuelo Ordóñez, hermana del periodista y concejal donostiarra del PP asesinado por ETA el 23 de enero de 1995 en San Sebastián. Que su plan no es el resultado de pacto político alguno con «nadie».

En las últimas semanas los llamados ‘artesanos de la paz’ de Iparralde han reconocido que sus reuniones con el Gobierno de París y las movilizaciones populares buscaban el acercamiento de todos los presos. La abogada de la izquierda abertzale, Jone Goirizelaia, fue hace unos días aún más allá y declaró a ‘Radio Euskadi’ que el Gobierno francés ‘negocia’ con los etarras presos en ese país.

La decisión parece prudente y acertada. Así lo entendió Ordóñez. Si el acercamiento, al menos el de determinados terroristas, no entorpece la consecución del objetivo último tanto de España como de Francia que no es otro que el de la disolución definitiva de la banda, no hay razón para no comenzar.

Macron ha decidido moverse. No hay razones oficiales del porqué. Rajoy, en cambio, insiste en no mover ficha en tanto la banda no haga sus deberes: disolverse y pedir perdón.

El PP sabe que la sociedad española comparte sus tesis de mano dura con los restos de la banda y, por tanto, su posición le es rentable. La vasca, en cambio, vería con buenos ojos un paso como el que el Gobierno galo piensa dar en breve, para avanzar hacia una reconciliación tan conveniente como lejana dado el inmovilismo del mundo radical que se refleja en las declaraciones del último jefe de la banda, David Pla: «No lamentamos lo que hicimos».

El presidente francés tiene sobre su mesa otra petición de acercamiento de terroristas a su tierra: la de los corsos que, al igual que ETA, anunciaron el abandono definitivo de las armas en junio de 2014. En las últimas elecciones regionales, autonomistas e independentistas de esa isla barrieron en las urnas y se hicieron con 41 de los 63 escaños en litigio.

El nacionalismo corso exige la cooficialidad de su lengua con el francés, lo que París rechaza por inconstitucional. Y el acercamiento de los terroristas del FNLC presos a la isla.

Macron visitará la isla el 6 de febrero. ¿El acercamiento de algunos etarras se ha planteado para envolver el de los corsos o no hay relación entre ambos? La respuesta, en breve.

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