Lejos del limbo catalán

Euskadi no quiere problemas tras sufrir una confrontación social incomparable

Lejos del limbo catalán
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

La crisis catalana va haciendo mella en Euskadi. Para tomar distancia. Para confirmar la desafección con que la mayoría de ciudadanos vascos se está tomando el ‘procés’ fracasado de un líder ‘desnortado’ que condujo a su comunidad a una situación de ambigüedad jurídica, desmotivación económica y enfrentamiento social y político. Lo que van reflejando las sucesivas encuestas es que los ciudadanos vascos, después de haber vivido una confrontación social incomparable con cualquier otra comunidad durante los ‘años de plomo’ de ETA en los que la convivencia sufrió un desgarro difícil de olvidar, no quieren más problemas.

Por eso, la vía de ruptura elegida por los secesionistas catalanes está provocando un distanciamiento progresivo desde Euskadi, según los sondeos. Ya no sólo fue el enfriamiento del sentimiento independentista detectado por el Sociómetro sino que, según el barómetro de la Universidad de Deusto, el 58% es contrario a la DUI y el 64% rechaza la fuga de Puigdemont. Que el PNV de Urkullu, el partido más votado en Euskadi, se haya distanciado de la deriva de sus homólogos de la Generalitat -ahora cesados, algunos prófugos, presos y, sin embargo, candidatos- explica el resultado de estas encuestas en donde los consultados ven como posible solución la reforma de la Constitución (42% de apoyo).

Que se recupere la vía unilateral de ruptura o que se acepte la legalidad constitucional dependerá del gobierno que salga de las urnas el 21-D. La incógnita ya no se sitúa en el escenario de los bloques para calcular cuál puede salir beneficiado sino qué partidos van a quedar colocados en la casilla de los gobernables. En la próxima cita electoral ya no se juega la independencia de Cataluña, pero quien gane las elecciones gestionará la segunda fase del ‘procés’. El exconseller Rull y ex preso ve ahora que la Constitución ofrece un margen a Cataluña. Pero Marta Rovira ya está pensando en poner en marcha la república. En eso están los independentistas, que siguen tensando su pulso para disputarse, sobre todo, la presidencia de la Generalitat.

Los constitucionalistas tampoco las tienen todas consigo, a pesar de que Inés Arrimadas ha conseguido que cale la idea de que puede llegar a ser presidenta. Si no en la primera votación de investidura, en la segunda. Con el PP no tendría problema. Pero el PSC juega en otra liga. Iceta está desplegando una estrategia arriesgada. Puede ser que, después de proponer una Hacienda propia, su defensa del indulto a los procesados si resultan condenados logre atraer a los votantes de Unió, cuyo máximo exponente es el ‘número tres’ de su lista, Ramón Espalader, que acaba de alabar, por cierto, la «talla política» de Puigdemont. Pero probablemente experimentará la fuga de votos de aquellos electores que se sintieron reconfortados con los discursos de Josep Borrell en las manifestaciones de Societat Civil Catalana. Pero Borrell está callado (¿por voluntad propia o ajena?). Y el discurso oficial es el de Iceta. Ayer la vicesecretaria del PSOE se desmarcó del indulto diciendo que era una idea personal de Iceta. Pero tendrán que dar una vuelta a la ocurrencia. Porque el PSOE se negó a que el Gobierno concediera indultos en casos de delitos de corrupción. Y el golpe a la Constitución, haberse saltado la legalidad y haber engañado a los ciudadanos, como consta en el ‘acta’ del ‘número 2’ de Oriol Junqueras, es otra forma de corrupción.

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