El lehendakari 'vende' Euskadi como un modelo de «rigor, estabilidad y confianza»

El lehendakari dibujó una Euskadi que está logrando salir de la crisis, próspera y solidaria, en su discurso durante la tradicional recepción de Navidad./Blanca de Castillo
El lehendakari dibujó una Euskadi que está logrando salir de la crisis, próspera y solidaria, en su discurso durante la tradicional recepción de Navidad. / Blanca de Castillo

Insiste en la tradicional recepción de Navidad en exigir «sin renuncias» el autogobierno pendiente y alcanzar después un «acuerdo integrador» para actualizarlo

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

El mensaje de Iñigo Urkullu en la tradicional recepción anual de Navidad, que este año se ha desplazado hacia la Nochevieja para no coincidir con las elecciones catalanas, ha sido un reflejo de sus frecuentes apelaciones al pacto y a la estabilidad durante todo su mandato. Ante los principales líderes políticos del país y representantes del ámbito empresarial, sindical, social y cultural vasco, el lehendakari sacó pecho este miércoles por los «logros» de un país como Euskadi, pequeño en tamaño pero, según su presidente, comprometido, pujante y solidario.

Con una gran carga social y centrado en el concepto con el que identifica su modelo de gobierno, ‘auzolana’ –que podría traducirse como trabajo compartido en pos del bien común–, el discurso de Urkullu enfatizó su compromiso con la «estabilidad» financiera y el «rigor» en la gestión, así como con el cumplimiento de los objetivos de déficit marcados por las instituciones europeas y con la aprobación de los Presupuestos, que ha logrado sacar adelante gracias a su acuerdo con el PP. Una inversión «en confianza», destacó Urkullu, que es «muestra de solidaridad con las generaciones futuras» y revierte en beneficios para los ciudadanos. Entre ellos, el lehendakari citó el ascenso de Euskadi a la segunda posición entre las comunidades con mayor inversión extranjera, por delante de Cataluña (un detalle que no mencionó), y los más de tres millones de visitantes que recibe cada año.

El lehendakari evitó detenerse en los aspectos negativos –empresas que han echado el cierre, por ejemplo– aunque reconoció que no todos los ciudadanos han podido zafarse todavía de las consecuencias de la crisis económica. «Dijimos que la salida sería larga. Ahora decimos que estamos empezando a salir, pero no todas las personas lo han logrado todavía», admitió, antes de prometer que su Gobierno actuará para erradicar el desempleo, la precariedad laboral y salarial y seguirá garantizando las políticas sociales. «Estamos comprometidos en limitar las situaciones de pobreza, garantizar una vida digna a todas las personas y dar respuesta a las necesidades de la juventud», insistió, en un acto en el que aprovechó para anunciar que el Gobierno vasco arrancará 2018 con un acuerdo «por las familias y la infancia» en Euskadi que incida en la conciliación, el fomento de la natalidad o la garantía de las pensiones.

El lehendakari dedicó el grueso de su discurso, de hecho, a los problemas que los ciudadanos identifican como prioritarios en las encuestas y a los que considera retos de futuro –la educación, el envejecimiento de la población, la revolución digital, la internacionalización– y apenas si se asomó al terreno político al final de su intervención, en la que no hizo alusiones a la desaparición de ETA o a la política penitenciaria pero sí a los homenajes tributados en 2017 a las víctimas del terrorismo y a los empresarios extorsionados o al monumento que recuerda en Elgoibar a los «represaliados» durante la Guerra Civil y la dictadura. En ese sentido, defendió el respeto y reconocimiento a la memoria de quienes han sufrido y la necesidad de «aprender a escuchar y escucharnos», incluso «cuando la verdad nos duele». Ni una palabra dijo sobre Cataluña, en compás de espera para formar gobierno tras el 21-D, sino que volvió a apelar al diálogo y al pacto como recetas para buscar «soluciones políticas a problemas de naturaleza política».

Urkullu se mostró convencido, de hecho, de que Euskadi tiene la «oportunidad» de lograr un «acuerdo integrador» para reformar el Estatuto –a pesar de que la división por el derecho a decidir amenaza con bloquear la ponencia de autogobierno– que sirva de base a un nuevo «pacto con el Estado que respete la relación bilateral con garantías». El lehendakari dejó claro que, como primer paso, su Gabinete seguirá reclamando las transferencias pendientes «sin renuncias» y se centrará después en «profundizar, actualizar y adecuar» el autogobierno. Con la intención declarada de construir Euskadi «juntos, sobre los valores de integridad, apertura, integración y solidaridad», Urkullu insistió en la necesidad de reformar el modelo de Estado para que las «realidades nacionales» sean asumidas y respetadas también en Europa.

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