Urkullu evita cualquier alusión al conflicto catalán en su mensaje de fin de año

Urkullu en la escalinata de Ajuria Enea. /Mikel Arrazola
Urkullu en la escalinata de Ajuria Enea. / Mikel Arrazola

«Euskadi es la casa del diálogo y el acuerdo, aquí podemos hablar y escuchar», se enorgullece el lehendakari

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Iñigo Urkullu ha optado este fin de año por un mensaje de perfil bajo en lo político pese a que el 2017 que ahora se cierra ha sido un año de alto voltaje en ese terreno por culpa del órdago independentista catalán, el referéndum ilegal del 1 de octubre y la posterior aplicación del artículo 155. Pese a su personal implicación en el conflicto, en el que llegó a mediar, sin éxito, a petición de Carles Puigdemont, el lehendakari ha preferido no hacer ni la más mínima alusión a Cataluña en su discurso de Nochevieja, emitido por segundo año consecutivo a la hora de comer en EiTB y no antes de la cena de fin de año como era habitual.

Al aire libre aprovechando el buen tiempo, frente a la escalinata de Ajuria Enea y con una ikurriña como único elemento de ‘atrezzo’, el mensaje de Urkullu ha resultado tan sobrio como su puesta en escena. No solo no ha mencionado Cataluña, como tampoco lo hizo en su intervención durante la tradicional recepción de Navidad a la sociedad vasca esta semana, sino que ni siquiera ha entrado en disquisiciones sobre la reforma del modelo de Estado, el derecho a decidir o cualquiera de las derivadas de la crisis catalana.

Euskadi es una «casa acogedora y abierta, diversa y plural», decidida, eso sí, a «defender, profundizar y actualizar» la «singularidad» del autogobierno vasco pero poniendo siempre por delante la necesidad de construir «juntos» un país «con raíces y valores sólidos» íñigo urkullu

Urkullu ha hecho de la ausencia de tensión una marca de la casa y así lo ha querido poner de manifiesto también en una fecha en la que prefirió destacar valores como la esperanza en el futuro o el «encuentro social» antes que lanzar discursos de calado político.

El de hoy ha sido el sexto mensaje navideño del jefe del Ejecutivo de Vitoria desde que accedió a Ajuria Enea. En los últimos años, Urkullu sí que había hecho alusiones directas a la necesidad de avanzar hacia un nuevo marco jurídico-político que reconozca «la realidad nacional» vasca y su «hecho diferencial». Así lo hizo para dar la bienvenida a 2015, mientras que para recibir 2016 hizo hincapié en la necesidad de trabajar por un «proyecto común» que pudiera ser ratificado «legalmente» por los vascos.

Rebajar la intensidad

Para entonces, la ‘vía catalana’ ya enfilaba hacia el precipicio de la unilateralidad y los antisistema de la CUP hacían valer su capacidad de influencia para condicionar el ‘procés’. El año pasado, ya con Puigdemont decidido a estrellar la nave contra las rocas, el lehendakari rebajó la intensidad de su mensaje aunque reclamó a Rajoy evitar «judicializar la vida política».

Hoy se le ha visto decidido a poner distancia, a subrayar con un discurso deliberadamente plano en lo político que huye del conflicto y el enfrentamiento, empeñado en hablar de Euskadi como el «proyecto común» de todos sus habitantes, una «casa acogedora y abierta, diversa y plural», en las antípodas de la olla a presión catalana. Decidida, eso sí, a «defender, profundizar y actualizar» la «singularidad» del autogobierno vasco pero poniendo siempre por delante la necesidad de construir «juntos» un país «con raíces y valores sólidos».

La E de Euskadi: «Esperanza, esfuerzo, empleo, encuentro, Euskadi», ha remachado Urkullu

No podía faltar una mención al pactismo vasco como seña de identidad específica frente al enfrentamiento y al desafío. Urkullu se ha referido a Euskadi como «la casa del encuentro y la solidaridad, el compromiso y la igualdad, el diálogo y el acuerdo». «Aquí podemos hablar y escuchar. Aquí queremos acordar y pactar», se ha comprometido, como representante de una sociedad «abierta al mundo», dispuesta a defender su «personalidad singular» y «con voz propia en el escenario global». Una sociedad «solidaria», ha insistido, que pueda enorgullecerse de su cercanía con las personas mayores, que «erradique definitivamente la detestable violencia contra las mujeres» y se mantenga «concienciada contra todo tipo de acosos y abusos».

Urkullu ha vertebrado su discurso en torno al concepto ‘auzolana’ –el esfuerzo compartido en pos del bien común con el que quiere identificar su mandato– y ha enumerado cinco «propósitos» para 2018, todos ellos con la E de Euskadi. «Esperanza, esfuerzo, empleo, encuentro, Euskadi», ha remachado. Su principal deseo y la «prioridad número uno» de su Gabinete es, ha dicho, «lograr que 2018 sea el año del empleo», que puedan crearse puestos de trabajo «de calidad» y que los jóvenes y los parados de larga duración puedan incorporarse al mercado laboral. El lehendakari ha transmitido «confianza y determinación», convencido de que los próximos doce meses servirán para «crecer y generar nuevas oportunidades». También ha reafirmado su apuesta, un año más, por situarse a la cabeza de la protección social. «Nos afecta el sufrimiento ajeno. La elección de la sociedad vasca es seguir construyendo un país que no deje a nadie atrás», se ha enorgullecido.

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