Joan Coscubiela: «No pienso alinearme con ninguno de los dos frentes»

Joan Coscubiela: «No pienso alinearme con ninguno de los dos frentes»
EFE
Ex portavoz de Catalunya Sí que es Pot

El político que plantó cara al ‘procés’ desde la izquierda confiesa: «En el colegio me rebelé contra el cura de religión y desde entonces no he parado»

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

A este rojo le ha aplaudido con fervor la derecha. Solo por haber sido un político capaz de ir más allá de sus siglas, el ecosocialista Joan Coscubiela ya merece un monumento. Como portavoz de Catalunya Sí que es Pot, el 7 de septiembre pasado proclamó en el Parlament que el ‘procés’ estaba pisoteando la democracia.

Ahora, recién jubilado de la política a los 63 años, lo explica en un libro titulado ‘Empantanados’. Y no es precisamente optimista: “No veo una solución en mayúsculas –advierte–, solo microsoluciones”.

Los pantanos eran muy de Franco. ¿Se siente bajo otro régimen?

–No, no. Cualquier comparación con el franquismo es una barbaridad. Uno de los problemas de este conflicto es que se está deteriorando el lenguaje. Se dice que el 7 de septiembre hubo un golpe de estado, una dictadura... Y no es eso.

Pues en su libro habla del ‘soviet carlista’.

–Es que hay elementos en los independentistas que recuerdan al célebre: ¡Todo el poder para los soviets! Y esa concepción de los Països Catalans que nunca han existido me recuerda a la cultura del carlismo.

En la portada aparece levantando el dedo.

–Pidiendo la palabra a la presidenta, casi suplicando, porque costaba que me la diera. Por eso la pedía así, de manera respetuosa, con esa cara de no querer molestar mucho.

¿Seguro que no buscaba emular al ‘follonero’ de Jordi Évole?

–Eso no me va en absoluto. Lo que pasa es que cuando uno está en un conflicto como este y es portavoz de un grupo parlamentario no puedes pasar desapercibido.

¿En el colegio ya era muy de levantar el dedo?

–Qué va. La primera vez que fui un poco rebelde tendría unos 12 años. Nos sublevamos ante el cura que nos daba religión. Ya habían detenido a mi padre el año anterior. El cura nos dijo que si traíamos una autorización de casa él nos convalidaba la asignatura. Toda la clase había estado muy aguerrida pero fuimos solo dos los que presentamos el papel. Y yo gracias a eso no tuve que hacer religión. Antes de aquello era más bien tímido, y según mis padres, durante mucho tiempo fui tartamudo.

De tartamudo a portavoz, tiene mérito.

–Pues a lo mejor lo que quiero es resarcirme de aquellos tiempos, je, je... Pero de levantar el dedo para pedirle al cura que no me diera religión, pasé a levantar el puño en la universidad, y con 18 años me detuvieron. Luego, como abogado laboralista, tuve que levantar la voz también y siendo sindicalista mucho más. Para cuando llegué al Parlament de Cataluña ya llevaba mucha mili.

Le han llamado ‘héroe inesperado’.

–Ya, pero a mí no me gusta nada este lenguaje. Me parece muy judeocristiano y muy belicoso. Yo lo viví con normalidad. Luego me di cuenta de que no era tan normal...

Claro, como que la derecha le aplaudió más que los suyos.

–Sí, y luego eso me lo echaron en cara. Pero ver aplaudir al PP cuando yo decía que era intolerable en democracia que la mayoría se impusiera a la minoría me parece un poco cínico. Porque yo les había visto en el Congreso de los diputados durante cuatro años hacer exactamente lo mismo. Pero bueno, yo en aquel momento no pensé quién iba a aplaudir y quién no. Yo lo que pensé es que se estaba produciendo un desprecio de la democracia, un incumplimiento de la legalidad catalana, una destrucción de sus instituciones... Y aquello me parecía muy grave.

Pero no se siente un héroe.

–No. Abusamos mucho del lenguaje. Exageramos. Al final mi amigo Josep María Vallés, catedrático de Ciencia Política, va a tener razón cuando dice que la crisis catalana pasará a la historia como un pequeña anotación al margen en la historia de Europa. Por eso digo que de héroe nada. Ahora bien, si lo que dije sirvió para dar voz a la gente llamada equidistante, me alegro.

Ser equidistante

¿Se puede ser equidistante entre los que, como usted dijo, pisotearon los derechos de la minoría y esa minoría en sí?

–No. Ese día yo no fui equidistante en eso. Como tampoco lo fui cuando Rajoy usó el Estatuto de autonomía de Cataluña para ganar votos en España recogiendo firmas, ni lo fui cuando se produjo la represión del 1-O, ni tampoco lo soy ante el encarcelamiento de los que defienden el independentismo. No soy equidistante en relación a las políticas concretas. Lo soy en cuanto a que no estoy dispuesto a alinearme con ninguno de los dos frentes porque eso es el desastre. Casi siempre que he expresado mi opinión he ido contracorriente, que es lo que se debe esperar de la gente. Porque ir a favor de corriente y hacer de hooligan es muy fácil.

¿Ha dicho últimamente mucho eso de: ‘Cuerpo a tierra que vienen los nuestros’?

–Esa es una práctica que tengo muy asumida y que vengo practicando desde hace muchos años.

¿Y diría como el replicante de ‘Blade Runner’ ‘He visto cosas que no creeríais’?

–Desde luego he visto cosas que si me las cuentan antes de que se produjeran pensaría que es un libro de ciencia ficción con un guion muy retorcido.

¿Hemos olvidado lo que es pactar?

–Hay que pactar el desacuerdo. Esto los sindicalistas lo sabemos muy bien. Cuando tú no llegas a un acuerdo puedes optar por dos vías: matarte a garrotazos en plan goyesco o ganar tiempo e intentar buscar mecanismos para salir del embrollo. Lo primero que hay que hacer es enfriar la tensión. Y la primera medida de enfriamiento es que los que están en la cárcel dejen de estarlo. Al mismo tiempo, los independentistas no tienen que renunciar a su ideología pero sí deberán reconocer que su proyecto ahora mismo es inviable.

¿Ser demócrata está por encima de la ideología?

–Ya he dicho que para mí el fin nunca justifica los medios. No concibo la izquierda sin la defensa de la democracia y la democracia no la concibo sin la libertad. Y la libertad no es solo la de unos cuantos, la de los míos, sino la de todos. Pero ahora mismo este conflicto es tan maniqueo que los cielos del ‘procés’, tanto desde Cataluña como desde el estado Español, parcece que los mueva Zaratustra.

¿Cuánto corrió las horas previas a su discurso?

–Soy ‘runner’ y ultrafondista. Ese día corrí unos 45 minutos por el monte. Necesitaba expulsar adrenalina y generar endorfinas. Es una droga natural que le recomiendo a todo el mundo.

Un político autocrítico es un mirlo blanco. ¿Coscubiela for president?

–Presidente de mi casa, y con el permiso de mi compañera. Yo ahora me he jubilado. Soy un pensionista que escribe libros. Ya no estoy en el Parlament.

¿Se ha jubilado o le han jubilado después de aquello?

–Me he jubilado. Todo el mundo sabía desde el principio que yo iba solo para esa legislatura, durara lo que durara. La mía era una obsolescencia programada.

¿Por eso habló con tanta libertad?

–No. Yo siempre he sido así. También denuncié la corrupción de Pujol cuando era sindicalista de CCOO y entonces aquello tenía su coste. Pero es que si no eres capaz de ser sincero contigo mismo y decir las cosas en las que crees no merece la pena asumir responsabilidades colectivas. Y todo el mundo sabe que yo no me callo.

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