la jauría

Huerta, en Roland Garros en la final del domingo entre Nadaly Thiem, junto a la presidenta de Baleares, Francina Armengol./EFE
Huerta, en Roland Garros en la final del domingo entre Nadaly Thiem, junto a la presidenta de Baleares, Francina Armengol. / EFE
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

El vídeo mató a la estrella de la radio y el asesor fiscal al ministro más glamuroso y efímero que ha tenido nunca España. El mundo de la farándula, con el que Màxim Huerta se codeaba, llenó ayer sus redes sociales de mensajes de ánimo y solidaridad, de tristeza y perplejidad, por la marcha del ya extitular de Cultura y Deporte tras salir a la luz que defraudó a Hacienda 218.322 euros entre 2006 y 2008 al utilizar una mercantil para rebajar su factura con Hacienda, una deuda que hace un año fue condenado a pagar. Paula Echevarría, Kira Miró, los 'Javis', Chenoa, el diseñador Pelayo Díaz, presentadores, 'influencers', monologuistas y otras criaturas ensalzaron su «generosidad» y su «ejemplo» y llenaron su cuenta de Instagram de corazones rojos.

Quizás porque sabían de lo que se hablaba. Su amiga Bibiana Fernández le dedicó un esclarecedor post en la misma red social en la que lamentaba la «injusticia» cometida con Huerta porque lo de declarar a través de una sociedad instrumental para pagar menos era una «práctica común, en la que me incluyo». El mismo argumento -todos los hacían, qué pasa- utilizó su mentora Ana Rosa Quintana para sacarle la cara en las horas previas a su inevitable dimisión. Escuchemos a Bibiana: «No había engaño. Tu asesor te hacía la declaración y nadie te decía nada. No era ilegal, pero la ley cambió». El asesor, ay, el asesor. El que no tienen los currelas con nómina que reciben la declaración amablemente cumplimentada por Hacienda.

Con semejantes mimbres, era de cajón que un Gobierno que se vende con el eslógan de la regeneración acabase por fulminar al ministro, por mucho que su estilo vitalista y rompedor -ese sombrero en la final de Roland Garros- aportara al impoluto Gabinete de Sánchez la dosis justa de chispa. El Gobierno que había explicado su advenimiento como el único camino para ventilar el hedor de la corrupción no podía permitirse dar una condescendiente palmadita en la espalda a la España de la trampa y la picaresca, que no deja de ser fraudulenta e insolidaria.

Sánchez, tras los tantos que se anotó al abrir los brazos al 'Aquarius' o al apostar por el feminismo de verdad, podría haberse apuntado otro más si no hubiera permitido ni un titubeo sobre la obligada dimisión de Huerta. Haber hecho de la necesidad virtud. El propio Emmanuel Macron vio cómo cuatro ministros dejaban su Gabinete en su primer mes por estar investigados en asuntos variopintos: emplear a asistentes del Parlamento europeo para labores del partido o casos de nepotismo inmobiliario.

Sánchez podría haber lanzado el mensaje de que no le tiembla la mano cuando se trata de castigar comportamientos poco ejemplares, pero dejó que Huerta proclamara durante todo el día su inocencia. Y al final el ministro fugaz dimitió, sin admitir preguntas, intenso y dramático como un actor en escena, lamentándose de que la inocencia no sirve de nada en España si «la jauría» te ladra. El problema es que en este país de locos todos se sienten víctimas de los perros rabiosos que ponen en duda su honorabilidad. ¿Diríais lo mismo si fuera de otro partido?, se preguntaban los perplejos internautas ante la catarata de corazones entre los que Màxim, de espaldas y de la mano de su madre, se iba por donde acababa de llegar.

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