Insistencia

Lo único que piensan los separatistas es en separarse

Carles Puigdemont./
Carles Puigdemont.
MANUEL ALCÁNTARA

La duda crece sin que la riegue nadie. Es uno de los hábitos del independentismo, que ha pasado de ser una manía de primates a un impulso que comparte media Cataluña esperando que se le añada la otra media. Hoy Puigdemont aspira a ser investido como presidente de la Generalitat, aunque esté imposibilitado por el Tribunal Constitucional. Su lema es «pienso, luego insisto», pero lo único que piensan los separatistas es en separarse. Animados por el petardo electoral de García Albiol en Cataluña han redoblado sus ímpetus en el resto de España, olvidando que no están para los restos y siguen creyendo en que la unidad entre ellos es preferible a la fragmentación. «O preso o prófugo», gritan algunos olvidando que son compatibles las dos cosas, mientras don Carles dice que no tiene ningún plan B.

La nieve, que es el último esfuerzo del agua, está dejando a media España sin luz y, como siempre, se buscan culpables. Nadie cree en la llamada investidura telemática, ni siquiera los que no sabemos en qué consiste. Lo que sabemos es que a perro flaco todo se le vuelven pupas, porque nos lo explicó Gloria Fuertes, que no era catalana sino de Chamberí y de muchacha fue novia de Gila. Quizá sea verdad eso de que el humor sirve para todo, pero no basta para nada. Ahora estamos en los carnavales de Cádiz, que es la ciudad más antigua de Occidente, según dicen, pero la tacita de plata está ‘occidada’. Vinieron y se fueron los astilleros, pero Andalucía está astillada. Sin embargo, o a pesar de todos, no produce separatistas. «Contigo y con tu castigo». La aceptación del destino no es exactamente igual que la conformidad. Se espera que pasen cosas porque las que pasaron no acaban de pasar y están aguardando su turno. Sin prisa, pero con demasiada pausa.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos